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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 262

A Benjamín se le descompuso el rostro de inmediato. Él mismo se había encargado de planear todo con el doctor William, y ahora el muy infeliz había cambiado los planes por su cuenta.

—¿Quién te pagó para hacer esto? —preguntó con voz grave.

El doctor William sintió un escalofrío al notar la aguda intuición del hombre.

Pero no podía decir una palabra.

—Tengo que entrar al quirófano. Platicamos de esto cuando termine —dijo, y le colgó sin más.

En los ojos oscuros y penetrantes de Benjamín brilló una mirada reflexiva. Acto seguido, mandó llamar a Valentín.

—¿Me buscaba, director Gutiérrez? —preguntó Valentín, bastante confundido.

Benjamín le ordenó con voz fría:

—Quiero que cheques quién contactó a William en estos últimos dos días y de qué hablaron.

—Sí, señor —respondió Valentín.

A pesar de su extrañeza, acató la orden de inmediato.

Benjamín se levantó y salió directo hacia el hospital.

En la sala de espera del quirófano, Josefina estaba sentada, volteando hacia la puerta a cada rato, comiéndose las uñas de los nervios.

Él se acercó, se sentó a su lado y le preguntó:

—Jose, ¿qué fue lo que hiciste?

Ella se tensó por completo y lo volteó a ver.

—¿De qué me estás hablando? No entiendo.

—Le pagué una buena cantidad de dinero a William, no tendría por qué traicionarme —dijo él, escudriñándola con la mirada—. Jose, ¿quién te está ayudando?

Josefina también se lo había estado preguntando, pero en ese momento recordó lo que le había prometido Emiliano.

¿Acaso había sido él?

Pero, ¿cómo le hizo?

¿Cómo logró saltarse a Benjamín y convencer al médico de adelantar la cirugía?

Josefina solo parpadeó, disimulando su sorpresa, y respondió:

—No tengo idea.

Su tono era tajante. Ahora que su abuela estaba siendo operada y ya no tenía por qué ceder a los chantajes de Benjamín, obviamente no iba a tratarlo bien.

Además, ya no iba a retirar la demanda.

El doctor William la miró con una expresión indescifrable y, de repente, le preguntó:

—Señora Gutiérrez, discúlpeme, pero aún no sé su nombre de pila.

—Me llamo Josefina. —Ella le repitió su nombre completo para que no hubiera dudas.

El médico frunció el ceño disimuladamente. Era un nombre que no le sonaba de nada, pero la persona que le había dado la orden fue muy clara: debía cumplirle absolutamente todo lo que ella pidiera.

¿Qué relación tendrían?

Al darse cuenta de que la estaba viendo con demasiada curiosidad, el doctor aclaró la garganta y cambió de tema.

—Estoy molido, ya me retiro. Guarde los agradecimientos para después.

—Claro que sí —asintió ella.

Josefina no notó nada extraño en su actitud, pues toda su atención se desvió hacia su abuela, a quien venían sacando en la camilla.

La anciana seguía sedada, con una venda blanca cubriéndole la cabeza y respirando con total tranquilidad.

Una vez que estuvieron en la habitación y la enfermera se retiró, Josefina tomó su celular y llamó a Emiliano.

—¿Qué pasó? ¿Ya terminó la cirugía? —contestó él con un tono divertido, como si ya estuviera esperando su llamada.

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