Jimena frunció el ceño, claramente molesta por el trato.
—Jose, ¿qué forma de hablarme es esa? Mi madre está en el hospital, es lógico que venga a ver por ella.
¡Josefina la miró incrédula, asombrada de que fuera tan cínica!
¡Después de todas las barbaridades que le había dicho a la anciana, todavía tenía el descaro de pararse ahí frente a ella!
¡Qué nivel de desvergüenza!
Su expresión se volvió de hielo y le exigió:
—Vete, por favor. Nadie te pidió que vinieras. Yo me voy a encargar de cuidar a mi abuela.
Pero Jimena se negó moviendo la cabeza.
—No me pienso ir. Me quedo a atender a mi madre.
Luego, volteó a ver a la anciana desde los pies de la cama.
—Mamá, me voy a quedar aquí a hacerte compañía, ¿te parece bien?
—Está bien.
La señora no se opuso.
Josefina no podía dar crédito a lo que oía y frunció el ceño con impotencia. A pesar de su molestia, nunca iría en contra de la voluntad de su abuela.
Justo en ese momento llegó Andrés, lanzando reproches a diestra y siniestra.
—Jose, ¿cómo se te ocurre que tu abuela va a estar internada por algo tan grave y no nos avisas? ¡De verdad que eres una irresponsable!
Josefina le lanzó una mirada cortante y le soltó:
—¿Y entonces cómo es que se enteraron?
Andrés bufó con desprecio.
—Nos avisó Magda. Como antes trabajaba en tu empresa, se lleva bien con varios ahí. Tu jefe fue a visitarlas y así se corrió el rumor. Ella en cuanto supo nos avisó, porque si fuera por ti, seguiríamos sin saber que tu abuela está en el hospital.
A Josefina se le revolvió el estómago del coraje.
Jimena volteó a ver a la anciana y le dijo:
—Mamá, por cierto, todavía no conoces a Magda. Es la hija que adoptamos Andrés y yo. Es un encanto de muchacha, muy dulce y preciosa. Estaba muy angustiada por ti, pero le dio miedo venir y que la fueras a rechazar.
—Señora León, le llamamos para avisarle que ya tenemos listos los resultados de su prueba de ADN. Por favor indíquenos una dirección para mandárselos por paquetería.
Ella confirmó y dio la dirección del hospital. Les pidió que lo mandaran por envío urgente a contra entrega, ya que ella misma lo estaría esperando en la puerta.
Media hora más tarde, tenía el sobre en sus manos.
Josefina sentía que se le salía el corazón. Tomó una bocanada de aire, rompió el empaque y, al desdoblar el documento, la poca fe que le quedaba se esfumó al leer ese maldito 99.99%.
Ella y Jimena sí compartían la misma sangre.
Apretó los papeles hasta arrugarlos por completo, sintiendo que todo aquello era una broma de pésimo gusto.
¡Cómo le habría gustado no tener ninguna relación con ella, pero no tuvo tanta suerte!
Hizo pedazos el documento y lo aventó al bote de basura.
Ya que había resultado ser la verdadera hija de la familia León, se encargaría de recuperar todo lo que por derecho le correspondía. ¡Ni loca iba a dejar que Andrés y Jimena le regalaran su herencia a Magdalena!
Cuando regresó a la habitación, Josefina tenía una expresión indescifrable. Caminó hasta quedar frente a Andrés y le soltó sin rodeos:
—Me enteré de que le abriste una empresa a Magdalena. ¿Es cierto?

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