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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 285

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A mediodía, Emiliano le hizo una llamada. Sonaba bastante sorprendido.

—Josefina, ¿desde cuándo te codeas con un equipo de abogados tan picudo? En cuanto se pusieron de acuerdo con mi gente, nos marcaron de volada todas nuestras fallas. ¡Pasamos de tener un treinta por ciento de probabilidades de ganar a un maldito ochenta por ciento!

Al escuchar eso, Josefina se sintió de maravilla.

—¿En serio?

—¿Para qué te echaría mentiras? Ya dime, ¿de dónde sacaste a toda esta gente? —preguntaba Emiliano, entre la urgencia y la intriga.

¿En qué momento se había conseguido contactos tan poderosos?

Una ligera sospecha empezó a rondar por su cabeza.

Josefina se limitó a reír.

—Es la gente de mi abuela.

—Con razón —respondió Emiliano—. Bueno, con esa ayuda, tus probabilidades de ganar el juicio se dispararon. Ya hasta da emoción esperar a que comience la audiencia.

—¿Y por qué se han tardado tanto en avisar? —preguntó Josefina—. ¿Cuándo va a ser la audiencia?

—Más o menos unas dos semanas después del proceso de mediación. Ya debe faltar poco —aseguró Emiliano.

—Perfecto.

La mirada de Josefina brillaba con pura determinación.

¡Este divorcio iba porque iba!

Ya en la tarde, al salir de trabajar, se fue a dar una vuelta por el hospital, pero para su desgracia, vio que Jimena andaba ahí otra vez.

Josefina no se anduvo con rodeos.

—Vete, aquí nadie te necesita. Las enfermeras que contraté van a atender a mi abuela de maravilla.

Jimena se veía terrible, con unas enormes ojeras de llevar varios días sin dormir bien.

En cuanto cruzó miradas con Josefina, soltó en llanto.

La abuela frunció el ceño al presenciar la escena.

—¿Y tú por qué andas llorando? —preguntó.

Jimena empezó a hablar entre sollozos.

—Ni de chiste —se negó Josefina rotundamente. Pero, de pronto, dejó asomar una pequeña sonrisa—. Aunque... puede que los venda.

—¡Yo te los compro! —exclamó Jimena, apretando los dientes—. Ponles precio. Dime cuánto quieres por ellos.

Josefina la miró con una sonrisa a medias.

—¿De verdad me los vas a comprar?

—Claro que sí, los compro —asintió con desesperación—. Tú nomás dime el precio.

Josefina soltó una carcajada muy suave y dijo:

—Quiero absolutamente todas las acciones del Grupo León.

—¡¿Estás loca?! —Jimena se puso de pie de un salto—. Josefina, si nos dejas sin acciones, ¿qué vamos a hacer tu padre y yo? ¡¿Acaso nos quieres matar de hambre?!

Josefina parpadeó, fingiendo inocencia.

—Si no te alcanza, nomás dilo, no tienes que ponerte así de grosera. Tú fuiste la que me dijo que le pusiera precio.

—¡Esto es un maldito asalto! —gritó Jimena enfurecida—. ¡Y estás asaltando a tus propios padres! ¡Te pasaste de la raya!

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