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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 303

Teresa dio un bufido de indignación y se marchó sin más.

Valentín soltó un largo suspiro de alivio. ¡Dios sabía la presión que sentía al hablarle así a la señora!

Volteó a ver a Josefina y en su rostro apareció una expresión de disculpa:

—Señora, discúlpeme...

—Tienes razón —dijo Josefina, ya mucho más calmada—. Debería ir a verlo, pero como acabas de decir, nadie puede acercarse a su habitación hasta que despierte por completo. Así que mejor me voy.

Valentín se quedó mudo.

¿Acaso acababa de cavar su propia tumba?

Al ver a Josefina darse la vuelta y alejarse, ¡Valentín sintió ganas de llorar de frustración!

***

Al día siguiente, Jaime Ponce le envió a Josefina el plan de acción contra el Grupo León.

Tras revisarlo, Josefina quedó impresionada con la capacidad de Jaime y le dio luz verde con toda confianza.

Los resultados se vieron rápido: el interior del Grupo León comenzó a volverse un caos.

Al atardecer, después de salir del trabajo, Josefina llegó al hospital para cenar con su abuela. Al poco tiempo, se escuchó un alboroto en la puerta.

—¡Déjenme entrar, soy el padre de Josefina!

Al escuchar esa voz tan familiar, Josefina se tensó un poco.

Sin embargo, era algo de esperarse.

Con el Grupo León patas arriba, y al no haberse escondido a propósito, era lógico que Andrés León la descubriera.

—Abuela, voy a salir un momento —dijo Josefina, mirándola con una sonrisa.

—Está bien —asintió la abuela, advirtiéndole luego—: Cuídate mucho.

—Sí, lo haré.

Josefina asintió, se levantó y salió de la habitación.

En el pasillo del hospital, Andrés estaba parado con un rostro ensombrecido, detenido por los guardaespaldas en la puerta.

El ambiente volvió a quedarse en silencio.

—Si no tienes nada bueno qué decir, me voy. Tengo que regresar a acompañar a mi abuela —advirtió Josefina, revisando su reloj.

—A decir verdad, yo no estaba al tanto de la decisión que tomó tu mamá. Me lo dijo hasta que ya lo había hecho. Me quedé impactado —explicó Andrés con un suspiro, suavizando su actitud.

Josefina enarcó las cejas. ¿Ya empezaba a lavarse las manos?

Jimena Lara era una simple ama de casa. Si no hubiera contado con su consentimiento, ¿cómo habría podido movilizar a la gente de su padre?

—Jose, eres mi hija. El Grupo León será tuyo algún día, no puedes destruirlo —le rogó Andrés.

Pero Josefina replicó de inmediato:

—¿Y por qué no vino ella a buscarme?

¿Acaso Jimena todavía no se daba cuenta de su error?

Andrés sacó una carpeta de su maletín, la empujó hacia ella y le confesó:

—Llevé a tu mamá a que la revisaran. Le diagnosticaron un trastorno mental y ya la interné en un hospital psiquiátrico. Se quedará ahí a recibir tratamiento y, cuando se recupere, volverá a ser la madre que te quiere.

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