Josefina se quedó callada un instante antes de decir en tono de broma: —¿Pudiera jurar que estás más ansioso que yo?
La persona al otro lado de la línea guardó silencio unos segundos antes de responder: —Ay... es que no soporto verte sufrir. Además, sigo esperando a que te divorcies para poder cortejarte.
—Emiliano, por favor no hagas ese tipo de bromas —dijo Josefina, sorprendida por el comentario.
—¡No manches, te la creíste! —soltó él con una carcajada—. Tranquila, solo te estoy molestando, pero sí es verdad que no me gusta verte pasar por esto. Por ahora no nos queda más que esperar, aunque siento que Benjamín trama algo; seguro no se quedará de brazos cruzados. Puede que lo de esta vez haya sido un accidente, pero a la próxima de seguro sale con alguna locura.
—De acuerdo, lo tendré en cuenta.
Josefina asintió, aunque no le dio demasiada importancia a sus palabras.
El ataque reciente iba dirigido a ella; era imposible que Benjamín lo hubiera predicho.
Colgó la llamada y caminó hacia la habitación. En ese momento, le entró una llamada de Felipe, quien habló con tono muy serio: —Señorita León, ¿tiene tiempo ahorita? Necesitamos vernos.
—¿Hay noticias del primer asunto? —preguntó Josefina, sintiendo una opresión en el pecho.
—Sí.
—Está bien, buscaré un lugar y me alcanza ahí —dijo ella, tomando una respiración profunda.
—Hecho.
***
La sala de descanso estaba impregnada de un aroma agradable. Los cubículos privados estaban bien separados entre sí, y a través de la ventana se podía ver el exterior, por lo que no había riesgo de que alguien escuchara a escondidas.
—El director se puso en contacto con Emiliano —dijo Felipe asintiendo.
—¿Cómo es posible? —exclamó Josefina, abriendo mucho los ojos por la incredulidad al escuchar ese nombre.
—Señorita León, no me atrevo a afirmar que el incidente esté relacionado con él —explicó Felipe frunciendo el ceño—. Por miedo a equivocarme, decidí investigarlo a fondo y resulta que tiene a un familiar en ese sanatorio. Aun así, tengo mis sospechas, aunque tal vez solo me esté imaginando cosas.
Tomó la jarra, se sirvió un vaso de agua, le dio un trago y continuó: —Estos grupos extranjeros son muy complejos. Memorice sus rasgos y le pedí a un amigo que investigara. Resulta que esos dos hombres son de un grupo de sicarios que acepta trabajos de forma anónima, así que ahí se perdió el rastro.
Josefina sintió un escalofrío en la nuca. Apretó el vaso entre sus manos, intentando obtener algo de calor.
—¿Acaso mi vida vale tanto? ¿Cómo es posible que alguien contrate sicarios para matarme?

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