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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 333

Mientras tanto, Josefina acompañaba a su abuela a comer. Había pasado todo un día y ya se encontraba mucho más repuesta; ni siquiera la anciana notó que algo anduviera mal.

De pronto sonó el celular; ella miró la pantalla de reojo y luego se dirigió a su abuela:

—Voy a contestar una llamada.

—Sí, anda.

La abuela asintió.

Josefina salió de la habitación con el celular en la mano. Caminó directo hasta el fondo del pasillo y recién entonces contestó:

—¿Bueno?

—Mañana a la una de la tarde. Nos vemos en el ayuntamiento.

Benjamín soltó esas palabras e inmediatamente cortó la llamada.

Al escuchar el pitido de la línea muerta, Josefina se quedó paralizada por un instante.

Se quedó mirando la pantalla de inicio del celular y esbozó una leve sonrisa; ¿al fin se iban a divorciar?

En seguida regresó a la habitación. La abuela notó la alegría que irradiaba su rostro y le preguntó:

—¿Cuáles son las buenas noticias?

Josefina sonrió y dijo:

—Mañana firmo el divorcio.

—Ay, mija —dijo la señora, mirándola con resignación—. Cualquier persona se pondría triste cuando termina una relación, pero a ti hasta gusto te da.

Josefina respondió:

—Pues claro que me da gusto. He luchado tanto por este divorcio, por fin se me hizo.

Estaba a nada de cortar todos los lazos con él.

Por fin podría librarse de él por completo.

La tensión que había estado guardando en el fondo de su corazón desapareció de inmediato.

Aquella noche, Josefina comió mucho mejor.

***

A la mañana siguiente.

Benjamín había pasado la noche descansando y ya se sentía mucho mejor, así que fue directo a la casa de la familia Gutiérrez.

Teresa estaba empacando sus cosas; ya había comprado su boleto de avión y su vuelo salía en dos horas.

—Benjamín, ¿viniste a despedirte de mí?

Teresa miró a su hijo menor, con un tono lleno de melancolía.

Benjamín contestó con dureza:

—No.

Teresa se quedó pasmada.

—Entonces, ¿a qué...?

¡Él siempre le decía Magda!

¡Y ahora la estaba llamando por su nombre completo de soltera!

¡Ella ya no se apellidaba Salinas!

¡Hacía mucho tiempo que dejó atrás el apellido Salinas, ahora era una Gutiérrez!

La gélida mirada de Benjamín emitía un aura intimidante.

—Si Diego supiera lo sucio que es tu corazón, seguro se habría arrepentido de casarse contigo.

Magdalena se estremeció de miedo; perdió un poco de color en el rostro y comenzaron a escurrirle las lágrimas.

—¡Benjamín, me estás malinterpretando! Jose fue la que me pidió que fuera a cuidarte. Solo estaba preocupada por ti y por tu situación; ¡te lo juro que no tenía otras intenciones! ¡Tienes que creerme!

—Ja...

Benjamín soltó una burla:

—¿Te divierte tratar de verme la cara?

Magdalena siguió negando con la cabeza.

—Claro que no...

A Benjamín se le acabó la paciencia; apartó la vista y dijo sin mostrar emoción alguna:

—Te largas junto con mi mamá. Voy a mandar gente para que las acompañen al aeropuerto; no quiero volver a verte en mi vida.

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