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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 335

El semblante de Benjamín se mantuvo sosegado, aunque de vez en cuando miraba de reojo el reloj antiguo de la pared.

A Teresa no le ofendió su indiferencia, solo estaba preocupada por la seguridad de su hijo, por lo que le aconsejó:

—Benjamín, yo sé que te cuesta trabajo dejar ir a Josefina, pero ustedes ya dieron todo lo que tenían que dar. Ya no te quiere, mejor suéltala tú también.

—¿Quién te dijo que no la puedo dejar ir?

Cuestionó por fin el hombre que se había mantenido en silencio. Tenía un dejo de sarcasmo en la voz, y con sus palabras pareció emanar un aura intimidante.

Al escuchar eso, Teresa se quedó pasmada un momento, pero pronto recuperó el aliento y sonrió.

—Qué bueno que ya te resignaste, me da mucho gusto escuchar eso. Hay demasiadas mujeres en este mundo, ya verás que con el tiempo encontrarás a la indicada. Si de verdad logras pasar la página, entonces me voy más tranquila.

Benjamín no hizo más que soltar esa frase; ya no pronunció ni una palabra.

Teresa consultó su reloj y se despidió:

—Bueno, Benjamín, ya me voy.

—De acuerdo.

Benjamín esta vez tuvo una ligera reacción y la miró a los ojos.

—Que tengas un buen viaje.

—Gracias.

Teresa se dio la media vuelta y abandonó la casa de la familia Gutiérrez.

El segundero del antiguo reloj avanzaba tic tras tic, igual de despacio que el minutero.

Tras quedarse un buen rato sentado en el silencio de la sala, Benjamín se puso de pie y subió las escaleras.

La niñera estaba cuidando de Alberto.

El niño estaba en medio de su siesta, por lo que no se había enterado de todo el escándalo de la planta baja.

Benjamín se sentó a la orilla de la cama y observó al pequeño dormir profundamente; pasado un rato, un destello de resignación asomó por su mirada.

En seguida mandó llamar a otras dos niñeras para que se encargaran de los cuidados de Alberto.

El niño ya tenía edad para ir al kínder; a partir del mes siguiente podrían mandarlo.

Mantenerlo ocupado sería la manera ideal de evitar que se acordara de su madre.

Una vez que dejó todo bajo control, Benjamín se subió a su auto y se fue rumbo al ayuntamiento.

Sin embargo, el celular le empezó a sonar justo en ese instante.

Lo sacó para revisarlo y notó que era una llamada de uno de sus guardaespaldas.

—¿Bueno?

Capítulo 335 1

Capítulo 335 2

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