Volteó a ver a Benjamín, con un brillo de reproche en sus grandes ojos:
—¿Acaso lo hiciste a pro...?
Las últimas sílabas murieron en su garganta, pues él ya se había dado la media vuelta y caminaba hacia la salida.
Josefina se quedó pasmada. El hombre irradiaba un aura helada y su rostro pálido parecía cubierto por una capa de escarcha. En ningún momento se dignó a mirarla.
Había llegado tarde, ¡¿y ni siquiera iba a darle una explicación?!
Josefina casi suelta una carcajada por el coraje que le dio.
Soltó un suspiro pesado, salió del Registro Civil y, viendo cómo se alejaba, le gritó a sus espaldas:
—Mañana a las nueve de la mañana en punto. ¡Si vuelves a llegar tarde, sabré que lo haces a propósito para darme largas!
Benjamín no detuvo su marcha y se subió directo al coche.
¡Qué cinismo!
Josefina bufó molesta, se dio la vuelta para subir a su propio vehículo, y ambos arrancaron tomando rumbos distintos.
Cuando ella regresó al hospital, su expresión dejaba clarísimo que estaba de muy mal humor.
Su abuela se dio cuenta de inmediato y le preguntó:
—Jose, ¿qué te pasó?
Josefina, desanimada, respondió:
—No pudimos hacer el trámite.
El rostro de la anciana reflejó confusión.
—¿Y por qué no se pudo?
Entonces, la joven le contó todo el numerito que había pasado esa tarde.
La abuela asintió lentamente tras escucharla, y le dijo:
—Por lo que cuentas de su actitud, se ve que ya tomó la decisión definitiva de divorciarse. Si no llegó a tiempo hoy, seguro tuvo una bronca en el trabajo. Mañana ya quedará listo, vas a ver.
Josefina murmuró:
—Eso espero.
Esa misma noche, Silvia le bombardeó el celular con mensajes, preguntándole si tendría libre a las ocho de la mañana.
Josefina hizo cuentas: el Registro Civil abría a las nueve y a esa hora había quedado con Benjamín, así que acompañar a Silvia a las ocho le daba tiempo suficiente. Decidió aceptar.
Silvia le respondió eufórica, mandándole un montón de stickers de abrazos y besos.
Sin embargo, esa noche Josefina durmió fatal. Daba de vueltas en la cama, imaginando una y otra vez que Benjamín la dejaba plantada de nuevo.
Pero él se había mostrado tan indiferente y frío, ¿por qué habría de plantarla?

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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