El tono de Benjamín era completamente inexpresivo.
—He estado durmiendo tres horas diarias para sacar adelante el trabajo aquí. ¿Tú crees que tengo tiempo de sobra para andar jugando contigo?
Josefina apretó el celular con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—¿Y entonces cuándo vas a regresar?
Benjamín hizo una pausa antes de contestar:
—Tal vez, en otra semana.
—¡Tú...!
A Josefina se le revolvió el estómago del coraje.
Pero su actitud era más que clara, ¿qué más podía reclamarle?
Irritada, simplemente le cortó la llamada.
Hizo una respiración profunda para tratar de calmarse.
En cuanto regresó a la sala, la anciana se le quedó mirando.
—¿Qué pasó, Jose?
Josefina negó con la cabeza, restándole importancia.
—Nada grave, todo bien.
Tomó asiento junto a la abuela y continuó:
—Abuela, ya merito acabo mis pendientes de este proyecto. Estaba pensando que quiero abrir mi propio estudio.
—Mhm, me parece perfecto.
La señora Suárez asintió con aprobación.
—Es mil veces mejor ser tu propia jefa que andar trabajándole a alguien más.
—Sí, además así podré escoger los proyectos de doblaje, guiones o animaciones que de verdad me gusten. Seguro voy a andar súper ocupada en los próximos meses.
Josefina se abrazó del brazo de su abuela.
—El único detalle es que ya no voy a poder estar tanto tiempo contigo.
—No te apures, tú ocúpate de lo tuyo. Yo no voy a ser ningún estorbo —le respondió la señora con una sonrisa dulce y comprensiva.
—¡Ay, no digas eso! —reclamó Josefina—. Tú eres mi principal motor. Saber que me estás echando porras es lo que me da fuerzas para todo.
Ese simple comentario bastó para hacer muy feliz a la anciana.
Con su objetivo claro, empezó a preparar los pormenores de su negocio.
Un par de días después, Luisa se comunicó con ella.
—Señorita León... creo que ya me siento mucho mejor, ya podría salir del hospital.
Era justo una de las series que ella misma había estado revisando últimamente.
A diferencia de su actitud nerviosa y asustadiza de siempre, al entrar en personaje, ¡la voz de Luisa sonaba bastante profesional!
A Josefina se le iluminaron los ojos.
Su estudio de grabación estaba a punto de arrancar, ¡y lo que más le urgía en ese momento eran actores de doblaje!
Llamó a la puerta, dándole tremendo susto a la joven, quien de inmediato escondió el teléfono hecha un manojo de nervios.
—Señorita León... —murmuró al verla.
Josefina le dedicó una sonrisa amistosa.
—No te asustes. Ya hablé con el doctor y, en efecto, te van a dar de alta. Solo ten en cuenta que no puedes hacer esfuerzos ni andar caminando demasiado.
A la chica se le iluminó el rostro.
—¿De verdad? Entonces voy a arreglar el papeleo de una vez.
—¿Cuál es la prisa? —la detuvo Josefina—. Afuera alcancé a escuchar que estabas haciendo doblaje de voz para un dibujo animado. ¿Te llama la atención ese mundo?
Luisa bajó la mirada con pena y asintió.
—Sí, mucho.
—Justo ahora estoy armando un estudio, Estudio Voz Viva —explicó Josefina—. ¿Te interesaría jalar conmigo? Eso sí, te lo advierto de una vez: vas a estar trabajando para pagar tu deuda. Te daré mil pesos al mes solo para tus gastos básicos, para que no te mueras de hambre. Hasta que termines de pagarme, no vas a recibir tu sueldo completo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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