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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 404

El cuerpo de Jimena se estremeció violentamente. Sostenida por Andrés, levantó la mirada hacia Josefina, con el rostro desencajado por el dolor.

—Jose... nosotros... te amamos...

—Tal vez.

Josefina se puso de pie, observándola con total apatía.

—No sé qué fue lo que los llevó a ser tan indulgentes y a consentir a Magdalena por encima de todo. No toleraban que ella sufriera ni el más mínimo inconveniente. Antes me dolía muchísimo, pero ahora, al saber que no soy su verdadera hija, de repente ya dejó de importarme.

—No es así, Jose... —Jimena balbuceó, queriendo aferrarse a sus justificaciones.

Pero Andrés la interrumpió:

—Ya tomó su decisión. Incluso si no es nuestra hija de sangre, la criamos durante más de veinte años. ¡Es una malagradecida! ¡Cría cuervos y te sacarán los ojos! ¿Para qué le sigues rogando?

—Andrés, no es verdad. No puedes decir eso... —Jimena negaba con la cabeza, rechazando por completo sus palabras.

—Ella es nuestra hija... era el tesoro que tanto deseábamos... nosotros... —Antes de que Jimena pudiera terminar, comenzó a toser de forma convulsiva, y su rostro se tornó de un tono aterradoramente pálido.

—Jimena, no hables más. Iré por un doctor —Al ver su estado, Andrés palideció. La recostó sobre la cama y salió corriendo en busca de ayuda médica.

De repente, Jimena comenzó a toser sangre, una escena escalofriante.

La abuela se levantó por instinto, acercándose de inmediato para tomar su mano.

—Jimena...

Jimena se aferró con desesperación a las manos de su madre. Quería decir algo, pero mientras más se angustiaba, más tosía; fue incapaz de articular una sola palabra.

El doctor llegó en cuestión de segundos, le inyectó un medicamento de emergencia y se la llevaron rápidamente para hacerle unos estudios.

La habitación quedó sumida en un pesado silencio.

Andrés fulminó a Josefina con una mirada helada.

—No debiste soltarle eso en este momento. Su cuerpo no estaba preparado para soportarlo.

Josefina le sostuvo la mirada, inquebrantable.

—¿Y cuándo era el momento adecuado? Yo creo que este era el instante perfecto.

—Tú...

Andrés frunció el ceño con indignación.

Capítulo 404 1

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