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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 432

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—Claro que sí, yo te acompaño.

Josefina tampoco estaba dispuesta a dejarla ir sola a la clínica.

Silvia se frotó el rostro y dijo: —Espérame un segundo entonces.

—Vale.

Silvia se arregló un poco, se cambió de ropa y se puso una gorra y un cubrebocas, de forma casi exagerada.

Al ver su atuendo, Josefina se sorprendió. —¿Y esto?

Silvia respondió: —Me da terror encontrarme a algún conocido en la clínica y que le vayan con el chisme a mi mamá. Ahí sí que me muero.

Al mencionar el tema, a Josefina le picó la curiosidad: —¿Por qué tu familia insiste tanto en obligarte a ir a citas a ciegas?

Silvia negó con la cabeza, resignada. —No lo sé. Me he peleado con ellos, pero no sirve de nada.

Ambas salieron charlando del edificio. El coche de Josefina estaba estacionado justo en la entrada del complejo, con los guardaespaldas esperando.

Josefina ordenó: —Al hospital.

El guardaespaldas preguntó de inmediato con tono de alarma: —Señora, ¿se encuentra bien?

Josefina respondió: —Mi amiga no se siente bien, la acompaño a hacerse un chequeo.

Al escuchar eso, los hombres se relajaron.

Ya dentro del auto, Silvia se acercó a Josefina y le susurró: —¿Estos son los hombres de Benjamín?

—Sí.

Josefina asintió.

Los ojos de Silvia se abrieron como platos, llenos de intriga. —¿Cómo está la cosa? ¿No se estaban divorciando? ¿Por qué dejas que su gente te rodee otra vez?

Josefina suspiró: —Han pasado algunas cosas últimamente. Llegué a un acuerdo con él, así que me puso guardaespaldas por mi seguridad.

Silvia parpadeó con picardía. —¿Es el tipo de trato que me estoy imaginando?

Josefina soltó una carcajada incrédula. —No tengo idea de qué está maquinando tu cabeza, pero deja de inventarte telenovelas. No es nada del otro mundo.

Cristóbal frunció el ceño. —Ella y yo no tenemos nada que ver. Pero tú, ¿por qué estás aquí? ¿Estás embarazada?

Al decirlo, su rostro se ensombreció de golpe. Sin dejar que Silvia respondiera, exigió saber con voz ronca: —¿De quién es?

Silvia: «...»

Puso los ojos en blanco, casi a punto de torcerlos.

—¡Qué te importa! ¿Desde cuándo eres tan metiche?

Le soltó el comentario afilado y luego le dio un empujón. —Hazte a un lado, me estorbas.

—¡Silvia!

Cristóbal la agarró del brazo, con una expresión escalofriantemente seria. —Contéstame, ¿estás embarazada?

Josefina, que observaba la escena desde un lado, alzó una ceja. —Cristóbal, parece que te importa demasiado su vida, ¿no?

Cristóbal reaccionó como si lo hubieran despertado de un cubetazo de agua fría. —A mí no me importa. Solo que, como la conozco, quería aconsejarle que se dé a respetar, o la única que saldrá lastimada será ella.

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