—¡A ti qué te importa!
Silvia se zafó bruscamente de su agarre y se marchó sin mirar atrás.
—Tú...
Cristóbal se quedó paralizado por unos segundos. Al ver cómo ella se alejaba apresurada, volteó bruscamente hacia Josefina. —Josefina, ¿no me digas que de verdad está embarazada?
Josefina lo miró con una media sonrisa cargada de ironía. —¿Y eso a ti en qué te afecta?
—Yo...
Cristóbal abrió la boca, pero no logró articular ni una sola palabra.
—Cristóbal, ¿qué voy a hacer ahora...? —se acercó lloriqueando la chica joven.
Cristóbal le respondió con evidente impaciencia: —Te dije que te dieras a respetar y no escuchaste. ¿Y ahora qué quieres hacer? ¿Lo vas a tener o vas a abortar?
La chica se encogió de hombros, asustada por su tono, y negó con la cabeza. —No lo sé.
Cristóbal se frotó el rostro, frustrado. —Solo soy tu primo, no tu novio ni tus padres. No me corresponde tomar esta decisión por ti. Piénsalo tú misma.
«...»
Josefina alcanzó a Silvia. Al verla con la mirada perdida en la nada, el corazón se le encogió un poco. —¿Pasa algo, Silvia?
Silvia la miró y se mordió el labio inferior antes de murmurar: —Jose, me siento súper perdida.
Josefina le tomó la mano con ternura. —Tranquila, vayamos paso a paso. Primero, vamos a que te pongan la inyección.
—Mjm.
Silvia estuvo con la mente en otra parte todo el tiempo.
Se hizo los análisis, tomó la pastilla, le pusieron la inyección preventiva y, finalmente, ambas salieron del hospital.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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