La sonrisa desapareció del rostro de Jimena. Dejó escapar un suspiro de decepción y le dijo: “Jose, ¿acaso nunca me consideraste como tu verdadera madre?”
Josefina hizo un esfuerzo titánico para contener la furia que le hervía en la sangre. “A estas alturas, ¿qué sentido tiene fingir? Ve directo al grano. ¿Qué tengo que hacer para que me des el antídoto?”
Doña Anaís soltó un bufido de desdén. “Qué falta de educación. ¡Mocosa malcriada! ¿Así es como le hablas a la madre que te crio?”
“¡A su edad y sinvergüenza! Destruyó una familia en su juventud, se metió en el matrimonio de otros y arruinó la vida de sus hijos, y ahora de vieja sigue sin quedarse tranquila, ¡causando problemas y veneno por todos lados! ¡El karma la va a alcanzar, se lo aseguro!”
Josefina volteó la cabeza abruptamente, fulminando a Anaís con la mirada. ¡Todas las tragedias que había sufrido su abuela a lo largo de su vida eran culpa de esta vieja maldita!
“Tú... ¡¿cómo te atreves a hablarme así?! ¡Qué atrevimiento el tuyo!” Doña Anaís fue tomada totalmente por sorpresa. Su rostro lleno de arrugas se enrojeció por la indignación y la señaló con un dedo tembloroso. “¡Pequeña insolente! ¿Qué antídoto ni qué nada? ¡Lidia debió haber muerto hace mucho!”
“¡Doña Anaís!”
Jimena se apresuró a interrumpirla, luego clavó la vista en Josefina y exclamó: “Jose, no puedes hablarle así. Es doña Anaís, una mayor, y le debes respeto.”
“Si no fuera porque ustedes dos envenenaron a mi abuela, ni siquiera perdería un segundo mirándote a la cara. ¿Y quieres que la respete? ¿Acaso se lo merece?” Josefina se volvió nuevamente hacia Jimena. “Déjense de rodeos. ¿Qué es lo que quieren?”
¡Zas!
Andrés tiró bruscamente la tablet sobre el sofá y finalmente habló: “Transfiere todos los bienes que te dio tu abuela a nombre de tu madre. Además, dile a Benjamín que use sus recursos para encontrar a Magda. Lleva demasiado tiempo desaparecida y estamos muy preocupados por ella.”
Las largas pestañas de Josefina temblaron levemente. Clavó su mirada en Jimena. “¿Ese era todo su gran plan?”
Pensó que lo único que buscaban era forzarla a buscar a Magdalena, ¡jamás imaginó que aún tendrían el descaro de codiciar el patrimonio de su abuela!

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