—Mandé a vigilar a Emiliano. Ayer, después de que te separaste de él, fue primero a su casa, pero en la madrugada salió en su auto hacia una casa vieja y abandonada en los suburbios. Cuando se fue de ahí, mi gente entró a revisar el lugar. Ya está confirmado: Magdalena está escondida allí.
Al escuchar esto, Josefina abrió los ojos de par en par. —¡De verdad fue él quien se llevó a Magdalena!
—Sí.
En el rostro de Josefina apareció un gesto de total desconcierto. —Pero, ¿por qué haría algo así? Él sabe perfectamente la rivalidad que tengo con Magdalena, él...
Le temblaron los labios y no pudo continuar.
De pronto recordó los documentos que Benjamín le había mostrado antes; los antecedentes de Emiliano eran sumamente oscuros. Todo lo malo que ella había sufrido últimamente probablemente había sido obra de él.
Visto desde ese punto, no era de extrañar que estuviera protegiendo a Magdalena.
—Quizá la escondió para planear algo más en tu contra —dijo Benjamín con cautela—. Jose, ahora la decisión es tuya: ¿quieres que saquemos a Magdalena de ahí ahora mismo, o prefieres que esperemos a ver qué planea hacer Emiliano?
Josefina bajó la mirada, se giró para observar a la anciana que yacía en la cama del hospital y fue tajante: —No puedo esperar. Si ya sabemos dónde está, ¿qué sentido tiene perder tiempo? Voy a buscar a Magdalena, necesito salvar a mi abuela.
—De acuerdo.
Benjamín sacó su celular y envió un mensaje.
—Voy contigo —aseguró Josefina.
—Bien.
En el fondo, Benjamín también quería tenerla a su lado en todo momento.
Aunque por ahora no había ninguna amenaza desde el extranjero, solo viéndola con sus propios ojos podía quedarse tranquilo.
Josefina le pidió a Felipe y a Natalia que se quedaran en el hospital cuidando a su abuela, y ella subió al auto de Benjamín.
Durante el trayecto, la mirada de Josefina permaneció inquietantemente fría. Se volvió hacia él y le preguntó: —¿Tienes veneno?
Benjamín la miró, sorprendido. —¿Qué tienes en mente?
Se detuvieron frente a la puerta de un apartamento en el sexto piso. Valentín tocó a la puerta. —Hola, somos de la administración. Venimos a revisar si hay alguna fuga de gas.
Del interior no provino ningún sonido. El tiempo avanzaba inexorable y pronto pasaron dos minutos enteros.
En ese instante, sonó el celular de Valentín. Revisó la pantalla y avisó: —Está intentando escapar bajando por la ventana. Nuestra gente ya la tiene inmovilizada.
Josefina no pudo evitar alzar las cejas. ¡¿Tanta desesperación por huir?!
Estaban en un sexto piso; un movimiento en falso y moriría de la caída.
Dieron la media vuelta y bajaron. Al rodear el edificio, vieron a Magdalena forcejeando como un animal salvaje mientras varios guardaespaldas la sujetaban firmemente.
—¡Suéltenme, malditos! ¡Déjenme ir!
Pero cuando alzó la vista y vio a Benjamín y a Josefina, sus ojos se inyectaron de resentimiento. —Ustedes... ¿Por qué no se mueren de una vez? Ya me dejaron como una rata de alcantarilla, ¡¿por qué me siguen acosando?!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...