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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 455

—Josefina, darle vueltas a eso ahora ya no tiene sentido. Es un hecho que quería matarte y actuó en consecuencia. Lo que tienes que hacer ahora es mantenerte alerta y protegerte a ti misma, ¿entiendes?

Benjamín observó su rostro pálido y frunció sus tupidas cejas. Podía imaginar lo que pasaba por su cabeza. Había considerado a ese chico como un amigo sincero, y que cambiara de bando tan repentinamente para tratar de asesinarla, solo por descubrir quién era su familia... era un golpe muy bajo que a cualquiera le costaría digerir.

Al escuchar las palabras del hombre, las largas pestañas de Josefina temblaron sutilmente. En su mente se entrelazaban los momentos del pasado con los horrores del presente, y le tomó un largo rato estabilizar sus emociones.

Sí, él tenía razón. Torturarse con el pasado no serviría de nada. Tenía que mirar hacia adelante. La persona que manejaba los hilos detrás de Emiliano nunca había dejado de intentar matarla, lo que significaba que su simple existencia era una piedra en el zapato para ese alguien.

Una luz de firmeza brilló en los ojos de Josefina. Giró la cabeza hacia Benjamín y le dijo:

—No solo voy a protegerme... voy a averiguar quién diablos quiere matarme. Si esta persona se está tomando tantas molestias para verme muerta, le voy a arruinar los planes. ¡Le voy a quitar todo lo que le importa!

Al principio, incluso sabiendo que no era hija biológica, no le había dado tanta importancia. Solo quería seguir con su vida. ¡Pero ahora, alguien conocía su verdadero origen y la veía como una amenaza! ¡Esa persona quería borrarla del mapa, destruyendo su tranquilidad! Después de haber rozado la muerte tantas veces, conformarse solo con sobrevivir sería demasiado cobarde.

No solo iba a seguir viva, sino que iba a vivir cada vez mejor... ¡Tan bien, que la persona que la quería bajo tierra viviría en estado de pánico y terror constantes!

Al ver cómo lograba controlar sus emociones tan rápido y encontrar un nuevo objetivo, Benjamín esbozó una leve y elegante sonrisa.

—Me gusta cómo piensas, pero para eso, primero necesitas aprender a defenderte.

Los ojos de Josefina brillaron con intensidad.

—¿Me enseñarías a disparar?

Benjamín arqueó una ceja, sorprendido.

—¿Lo dices en serio?

Josefina asintió.

—Tengo una espada sobre mi cuello cada segundo del día. Si no me vuelvo fuerte, seré como un cordero yendo directo al matadero. Y esa no es la vida que quiero.

—Puedo enseñarte. —El tono de Benjamín era profundo y pausado, mientras sus oscuros y profundos ojos la observaban con intensidad—. Yo seré tu maestro.

Josefina lo miró con asombro.

—¿Tú sabes usar armas?

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