Federico se puso de pie de un salto, solo para ver que había sido Cristóbal quien le había arrebatado el celular.
Se abalanzó hacia él de inmediato y le extendió la mano con fiereza. "¡Dame ese celular!"
¡Esa voz!
¡Esa voz que tenía grabada a fuego en su mente!
¡La había buscado durante tanto tiempo!
¡Esa era su chica! ¡La mujer de su primera vez!
Cristóbal lo miró con el ceño fruncido, manteniéndose firme. "Señor Federico, este es mi teléfono personal".
"¡Que me lo des!"
La expresión de Federico era aterradora. En sus ojos azules brillaba una locura salvaje y obsesiva que haría temblar a cualquiera.
Cristóbal echó un vistazo rápido a la pantalla. El nombre que aparecía era: Silvia.
Menos mal que no la tenía guardada con su apellido.
Además, Federico a duras penas sabía un par de palabras en español.
Sin pensarlo dos veces, Cristóbal cortó la llamada y borró el registro de llamadas recientes. Luego, forzó una sonrisa profesional. "Señor Federico, no puedo dárselo. Como le dije, es mi teléfono personal, y esa llamada no era más que puro spam de alguna estafa telefónica".
"¡No te creo!", rugió Federico, completamente terco y desesperado. "¡Dame tu maldito teléfono, o dame el número que te acaba de llamar!"
Cristóbal sintió el peso de la amenaza, pero al mismo tiempo, una inquietud tremenda comenzó a apoderarse de él.
¿Por qué Federico parecía tan seguro de reconocer la voz de Silvia?
¿Cómo era eso posible?
¡Ellos ni siquiera se conocían!
Pero, a medida que ataba cabos, un mal presentimiento le heló la sangre.
Instintivamente, supo que debía proteger la identidad de Silvia a toda costa. Si Federico se enteraba, sería el fin.
Tratando de mantener la voz estable, Cristóbal dijo: "Señor Federico, ¿por qué tanta insistencia en revisar mi teléfono? ¿Acaso conoce a la operadora de telemercadeo que acaba de llamar?"
¡Pero ninguna de las voces que contestó era la que había hecho hervir su sangre hace un momento!
¿Qué estaba pasando?
¡¿Cómo era posible?!
¿Acaso le estaba fallando el oído?
¡No, imposible!
Se había tatuado esa voz en el alma. Podía estar al borde de la muerte y jamás la olvidaría. ¡Estaba completamente seguro de que no se había equivocado!
"¡¿Qué le hiciste al número?!", rugió Federico, agarrando a Cristóbal por el cuello de la camisa con una fuerza brutal. "¡¿Qué demonios hiciste?! ¡Borraste el número!"
Cristóbal retrocedió a trompicones y levantó las manos en señal de rendición. "Señor Federico, se equivoca. No le he hecho nada al teléfono. Ya lo revisó con sus propios ojos, solo era una llamada de spam".
Federico estaba a punto de gritarle otra vez cuando Benjamín apareció, agarrando la muñeca del extranjero con una firmeza implacable.
La fuerza de Benjamín era brutal, y obligó a Federico a soltar la camisa de Cristóbal. Con un tono gélido, le advirtió: "Todos mis hombres la están buscando. Cuando tengamos noticias, te lo haremos saber. Pero, Federico, si sigues comportándote como un animal rabioso, te aseguro que jamás vas a encontrarla".

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