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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 521

Josefina dejó de respirar por un segundo, su cuerpo se tensó ligeramente.

Benjamín la recostó sobre la cama. Su aliento ardiente la envolvía mientras se apoyaba sobre ella, observando su mirada aún un poco adormilada.

"¿A dónde vas?", preguntó con voz ronca. Su cuerpo descendió lentamente, y ese aroma fresco y embriagador, tan propio de él, la cubrió por completo, atrapándola centímetro a centímetro.

Los dedos de Josefina se encogieron un poco. Al ver su actitud tan pausada, frunció el ceño y le soltó: "Si lo vamos a hacer, hazlo rápido. Deja de dar tantas vueltas, ¿eres un hombre o no?"

"Ah...", se burló Benjamín en voz baja. "¿Si soy un hombre o no... acaso no eres tú la que mejor lo sabe?"

Esta vez no fue como siempre, no hubo un fuego descontrolado. En cambio, se acercó a ella poco a poco, rozando suavemente su mejilla con la punta de la nariz, y dejando besos casi imperceptibles en la comisura de sus labios.

Un toque fugaz.

No había un contacto real y profundo, pero su presencia la acorralaba a cada segundo.

La estaba cociendo a fuego lento.

Con cada uno de sus movimientos, la piel de porcelana de ella comenzó a teñirse de un suave y atractivo tono rosado. Se había bañado hace poco, por lo que desprendía un ligero y cálido aroma. Su cabello largo se esparcía por la cama como una cascada oscura.

Josefina, por instinto, lo empujó. "Si no vas a hacer nada, me voy."

"¿Quién dijo que no iba a hacer nada?"

Benjamín le sujetó las muñecas y comenzó a besarla de forma pausada.

"Hoy quiero ir despacio. ¿Tienes mucha prisa?"

Con cada palabra, le daba un beso. Sus oscuros y rasgados ojos la observaban fijamente, analizando cada una de sus reacciones.

La respiración de Josefina se volvió temblorosa. Sabía muy bien que no podía ganarle en fuerza.

Simplemente cerró los ojos, dejó de mirarlo y también dejó de apresurarlo.

Pero Benjamín, al verla así, no se desanimó en absoluto. Conocía demasiado bien los puntos sensibles de su cuerpo. Con solo acariciarla y provocarla con las yemas de los dedos, hizo que ella comenzara a temblar suavemente.

Josefina frunció su hermoso ceño; hasta sus orejas se habían puesto rojas.

Los ojos de Benjamín mostraron desconcierto por un instante, pero luego tomó el control y profundizó el beso.

Toda esa calma y control calculado de antes se hicieron añicos con ese beso.

Todo comenzó a descontrolarse.

Cuando terminaron, Benjamín la abrazó y le dio un suave mordisco. "Hiciste trampa", le dijo con voz ronca.

Josefina lo empujó, dispuesta a levantarse de la cama.

Pero Benjamín la retuvo por la cintura. "No te vayas. Duerme aquí esta noche."

"Si duermo aquí, me acordaré de todas esas veces en el pasado en las que recibías una llamada de Magdalena Salinas y, sin importar lo que estuviéramos haciendo, te ibas de inmediato". La respiración de Josefina aún era algo agitada, pero sus palabras fueron frías y cortantes. "¿Quieres que pase toda la noche sin poder dormir?"

El brazo alrededor de su cintura se apretó.

Benjamín volvió a besarla. "Ya que vas a estar pensando tonterías, mejor seguimos, así no tendrás tiempo para pensar en nada más."

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