Al día siguiente, cuando Josefina bajó las escaleras, vio que Silvia ya estaba levantada, mirándola con cierto resentimiento.
—Ejem.
Josefina tosió suavemente para aclarar la garganta, se acercó y le preguntó: —¿Qué quieres desayunar?
Silvia hizo un puchero tan grande que parecía que iba a llorar de indignación. Le reprochó con tono sombrío: —Te estuve esperando toda la noche.
Josefina: "..."
¿Y cómo le explicaba ella eso?
Era imposible de explicar.
Se levantó y se dirigió directamente hacia la cocina. —Iré a ver qué nos han preparado de desayuno.
Silvia: —¡Hmph!
En ese momento, Benjamín también bajaba por las escaleras.
Silvia lo miró de reojo y murmuró: —¡Seductor descarado!
Al escuchar esto, Benjamín arqueó una ceja. Sin el menor rastro de frialdad en su rostro, respondió con un tono indiferente: —Gracias por el cumplido.
Silvia: "..."
¡Cumplido tu abuela!
Los guardaespaldas escoltaron a Silvia hasta su casa. En cuanto Josefina recibió el mensaje de que había llegado sana y salva, suspiró aliviada.
Ese día, Almudena iba a hipnotizar a Leandro.
A Leandro también lo tenían encerrado en aquella mansión.
Cuando el grupo llegó, encontraron a Leandro encerrado en una habitación. Se veía completamente demacrado, desaliñado y con la mirada vacía.
Había fracasado en su misión y, para colmo, lo habían atrapado.
Probablemente moriría allí mismo.
Benjamín le habló con frialdad: —Si me cuentas todo lo que sabes ahora mismo, te daré una nueva identidad. El Leandro original desaparecerá para siempre y nadie podrá encontrarte.
Al oír esto, los ojos de Leandro mostraron un leve destello y preguntó con voz ronca: —¿De verdad harías eso?
—Siempre y cuando todo lo que digas sea verdad —respondió Benjamín, mirándolo con frialdad.
Leandro se sumió en un evidente debate interno.
Leandro, con la mirada perdida en el reloj, respondió con mucha lentitud: —Es la señorita Hurtado.
¿La familia Hurtado?
Josefina miró a Benjamín con un atisbo de confusión en sus hermosos ojos.
Benjamín bajó la mirada sin decir una sola palabra.
Almudena arqueó una ceja. Era evidente que conocía a la familia Hurtado, pero no tenía la menor idea de que existiera alguien llamada Ariadna Hurtado entre ellos.
A continuación, hizo un par de preguntas más sobre Ariadna y la familia Hurtado, y Leandro respondió a cada una de ellas.
Esta sesión de hipnosis fue mucho más fluida que la de Emiliano.
Al finalizar, Leandro cayó profundamente dormido y, al despertar, no recordaría nada de lo que había sucedido bajo hipnosis.
Ya fuera de la habitación, Almudena se metió una goma de mascar en la boca y comentó: —Resulta que todo este asunto involucra a la familia Hurtado.
—¿Qué clase de familia es esa? —indagó Josefina.
—Se mueven a la perfección tanto en el mundo legal como en el oscuro. Tienen un inmenso poder tras bambalinas, pero siempre han mantenido un perfil bajo. No han dado mucho de qué hablar en los últimos años. He cruzado caminos con miembros de la familia Hurtado un par de veces —reveló Almudena.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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