Entrar Via

La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 541

Ismael hizo un gesto con la mano, dio media vuelta y abandonó el salón de bodas sin mirar atrás; Nadia estaba inconsciente y necesitaba ser trasladada al hospital de inmediato.

Los hombres de Federico se retiraron, y el resto de los invitados huyó despavorido, como si les fuera la vida en ello.

En la azotea los esperaba el helicóptero. Federico arrastró a Silvia y la subió a la fuerza. La aeronave despegó, y todo bajo sus pies comenzó a volverse minúsculo.

Silvia se pegó a la ventanilla mirando hacia abajo, con el rostro pálido y los ojos llenos de terror e incertidumbre por lo que le deparaba el futuro.

De pronto, él la tomó de la barbilla, obligándola a girar el rostro para que se encontrara con sus penetrantes ojos azules.

La miró con una obsesión enfermiza. —A partir de ahora, te vas a quedar a mi lado como una buena chica. ¿Me escuchaste bien?

Silvia asintió, temblando de miedo, y se atrevió a preguntar en un susurro: —Si… si soy obediente, ¿me dejarás ir a casa a ver a mis padres?

—Por supuesto.

Federico esbozó una sonrisa escalofriante. —Si tanto los extrañas, los mandaré a buscar y los llevaré a nuestra mansión para que te acompañen… para siempre.

Su tono era suave, casi meloso, pero sus palabras destilaban una amenaza mortal.

El cuerpo de Silvia se estremeció violentamente.

Federico bajó la mirada hacia el hermoso vestido de novia que la envolvía. Una furia oscura ensombreció su rostro y, de un tirón violento, ¡le desgarró el vestido!

—¡Ah!

Silvia soltó un grito agudo y se cubrió de inmediato con los brazos.

—Odio este vestido. Casi te conviertes en la esposa de otro —dijo Federico, con una frialdad glacial. Era un hombre inestable; su humor cambiaba más rápido que una tormenta.

—¡Quítatelo!

Le ordenó con voz tajante.

Silvia temblaba como una hoja, y el pánico se apoderaba de cada célula de su cuerpo. —Pero… no tengo ropa aquí.

La respiración de Federico se volvió pesada. Cerró los ojos un segundo y gruñó: —¡O te cambio yo, o te cambias tú sola!

Silvia lo miró con los ojos muy abiertos, mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas. ¡Este hombre estaba enfermo!

No se atrevió a desafiarlo más. Se arrancó los restos del vestido con desesperación y se envolvió en la enorme camisa negra de inmediato.

Durante todo el proceso, Federico no apartó la mirada de ella. Al ver que finalmente se mostraba dócil y obediente, la furia en su pecho se disipó un poco.

La atrajo hacia sí, abrazándola con la desesperación de quien encuentra un tesoro perdido, y murmuró: —Qué preciosa. Así me gustas, bien portadita.

Estar entre sus brazos era como estar envuelta por una serpiente venenosa. Silvia no dejaba de temblar, pero se mordió los labios, reprimiendo sus emociones para no provocarlo de nuevo.

—¡Señor Federico, un helicóptero nos está persiguiendo!

La voz del piloto rompió el silencio de la cabina.

Federico abrió los ojos. En sus pupilas azules brilló un instinto asesino y despiadado. Con una sonrisa perversa en los labios, sacó su celular y marcó directamente el número de Benjamín.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte