Todos los días, Josefina le preguntaba a Benjamín si había alguna noticia sobre Silvia, pero la respuesta siempre era la misma.
La angustia y la impotencia la consumían por dentro, pero no sabía qué más hacer.
Su única salida era entrenar hasta el agotamiento, forzándose a volverse más fuerte.
Ese día, apenas terminó su entrenamiento y salió del elevador, vio a varias personas entrar por la puerta principal.
Luisa venía sosteniendo a la abuela del brazo, pero a su lado caminaba... ¿Manuel?
¡¿Qué hacía él ahí?!
El ceño de Josefina se frunció de inmediato. Se acercó a ellos y, sin rodeos, le preguntó:
—¿Tú qué haces aquí?
Luisa se apresuró a explicar:
—Josefina, lo que pasa es que salí a pasear con la abuela y nos encontramos con el señor Fuentes. La abuela se puso a platicar con él, y luego él se ofreció a acompañarnos de regreso.
Manuel se acomodó los lentes y dijo con tono sereno:
—Josefina, ¿podemos hablar?
La abuela, con una gran sonrisa en el rostro, intervino alegremente:
—Sí, sí, hablen tranquilos. Yo ya estoy muy cansada, me iré a recostar. Tómense su tiempo.
Josefina se quedó sin palabras.
Luisa acompañó a la abuela hacia su habitación. Al pasar junto a Josefina, la miró con expresión de incertidumbre y confusión.
Josefina le sonrió levemente para hacerle saber que todo estaba bien.
Luego, se volvió hacia Manuel y le dijo con frialdad:
—Salgamos a hablar.
Una vez fuera de Residencial Valle Niebla, ambos caminaban por la acera. Manuel la observó de reojo y rompió el silencio.
—Josefina, has cambiado mucho.
Ella lo miró con cautela y actitud defensiva.
—¿No decías que querías hablar?
Manuel suspiró suavemente.
—Creo que hay un gran malentendido entre nosotros. La última vez que hablamos por teléfono, no logré comprender a qué te referías, así que vine a verte personalmente para aclararlo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
Alguna forma de leer gratis?????...