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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 406

Cinco minutos antes.

Al escuchar los disparos afuera, Isabela se levantó del suelo. Desde que fue encerrada en aquel lugar, no se había dejado vencer por la desesperación; comió hasta el último bocado de cada ración que le llevaron, todo para mantener sus fuerzas intactas.

¡Esperaba exactamente este momento!

Fuera de la villa, más de diez vehículos negros cortaron la oscuridad como ráfagas de viento violento, dirigiéndose a toda velocidad hacia los portones principales.

Los guardaespaldas de la familia Correa se desplegaron rápidamente, y los francotiradores tomaron posiciones estratégicas en los puntos más altos.

El inmenso portón, diseñado para soportar impactos de miles de toneladas, se mantuvo firme a pesar de los continuos embates vehiculares. La villa, resguardada por la férrea defensa de los hombres de Correa, parecía una fortaleza impenetrable.

¡Cualquier atacante que asomara la cabeza desde los vehículos era aniquilado en un instante por los francotiradores!

De repente, los autos que golpeaban el portón se separaron hacia los lados. De un vehículo central, varios hombres vestidos de negro saltaron a la carrera, atrayendo de inmediato el fuego de los francotiradores y actuando como señuelos mortales.

Mientras tanto, aquel vehículo, ahora vacío, aceleró sin control hacia las puertas principales.

¡Con un estruendo ensordecedor que hizo temblar la tierra, el auto explotó, abriendo un enorme boquete en la muralla de acero!

¡Un ataque puramente suicida!

No tenían otra opción.

Las vidas de sus familias enteras estaban en manos de Fausto Navarro.

Ni siquiera la tremenda onda expansiva logró hacer retroceder a los guardaespaldas de Correa. Pero los atacantes, sin el menor miedo a la muerte, cruzaron las llamas e irrumpieron en la propiedad. Las balas llovían por doquier, desatando un infierno de pólvora y sangre.

Con el incesante eco de los disparos, los cuerpos comenzaron a acumularse en el suelo. Había hombres de negro y guardaespaldas por igual.

En medio de aquel caos total, un auto negro rompió la línea de fuego a una velocidad vertiginosa y entró por el hueco abierto. La puerta se abrió bruscamente.

—¡Lucas! —gritó uno de los guardaespaldas al reconocerlo.

Lucas bajó del auto, pistola en mano.

—Esta ubicación ha sido comprometida. Tenemos que trasladar a Isabela.

Dicho esto, avanzó rápidamente hacia el interior de la villa.

En el sótano, Isabela escuchaba el eco ensordecedor de la batalla y el estallido de la explosión. ¡Sin embargo, nadie entraba a rescatarla!

De repente, la pesada puerta de metal se abrió con violencia.

La mirada de Isabela se paralizó.

—¡Yo te cubro, Lucas!

Sin responder, Lucas arrancó el vehículo a toda potencia, atravesó el fuego cruzado y salió de la villa.

Una vez afuera, giró hacia la derecha y aceleró a fondo por la carretera, alejándose cada vez más de la propiedad.

Mientras tanto, el verdadero Lucas, que había sido interceptado a mitad de camino, logró romper el cerco y corría a toda prisa hacia la villa con sus hombres. Había bajas por ambos bandos, pero la llegada de Lucas y sus refuerzos logró aniquilar a todos los atacantes vestidos de negro.

Sin embargo, justo cuando entró a grandes zancadas a la villa, uno de los guardias sobrevivientes lo miró con total desconcierto:

—¿Lucas? ¿Por qué volviste?

Al escuchar eso, Lucas supo que algo terrible había sucedido.

—¿De qué estás hablando?

En el auto negro que se alejaba a toda velocidad, el "Lucas" que conducía giró repentinamente su arma hacia el guardaespaldas que iba de copiloto.

¡Bang!

La sangre caliente salpicó el rostro de Isabela en el asiento trasero. Su palidez fantasmal le dio una apariencia aún más aterradora.

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