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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 443

—Qué alivio, qué alivio —suspiró Sofía, quitándose un gran peso de encima.

El rostro de Lucas seguía sin mostrar ninguna emoción, simplemente levantó la vista hacia el quirófano.

Valentina no estaba tan mal.

Pero el Señor Correa...

Unos instantes después, las puertas del ascensor volvieron a abrirse, revelando a un Ricardo Mendoza que se acercaba a toda prisa.

—Lucas, ¿cómo están Sebastián y Valentina?

Había pasado toda la noche en la unidad de cuidados intensivos. De madrugada, el estado de Cachito empeoró, así que no se despegó de él ni un segundo.

Pero él no era Sebastián. Cachito no paraba de llorar, y ningún intento por calmarlo funcionó. Al final, Ricardo tuvo que buscar un mensaje de voz que Sebastián le había enviado tiempo atrás. Solo al escuchar su voz, el pequeño dejó de llorar poco a poco.

El único inconveniente era que el contenido del mensaje lo hacía desear que se lo tragara la tierra.

—«Haré que alguien te consiga un par de especialistas. No tienes por qué avergonzarte si no se te para»— había sido el mensaje.

En la silenciosa unidad de cuidados intensivos estaban presentes todos los enfermeros que solían cuidar de Cachito.

Y lo peor no fue eso, sino que el niño exigía que el mensaje se reprodujera en bucle.

Al notar el cansancio marcado en el rostro de Ricardo, Lucas intuyó que Cachito no había pasado una buena noche.

—Las heridas de la señora Correa no son graves. Al Señor Correa aún lo están operando.

Ricardo frunció el ceño, mirando hacia el quirófano con pesadumbre.

La noche anterior, cuando Sebastián prácticamente le había encargado al niño, supo que las cosas estaban por ponerse feas. Y viendo cómo había terminado todo...

Al pensar en el pequeño Cachito que acababa de conciliar el sueño, el corazón de Ricardo se llenó de dolor.

¿Por qué esa familia de tres tenía que sufrir tanto?

—¿Y qué pasó con Isabela? —preguntó de pronto con urgencia.

A él no le importaba si ella vivía o moría, solo le interesaba si su médula ósea aún podía salvar a su preciado ahijado.

Aunque le revolvía el estómago pensar que su tierno e inocente Cachito iba a recibir la médula ósea de una víbora como ella, era un asunto de vida o muerte; no estaba en posición de ponerse selectivo.

Mientras lograra salvar a su sobrino, ella podía morirse todo lo que quisiera después.

Capítulo 443 1

Capítulo 443 2

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