Al ver sus manitas aferradas a las asas del biberón y sus mejillas inflándose a cada sorbo, Valentina se contuvo las ganas de acariciarle la carita. Con una leve sonrisa curvándole los labios, levantó la mirada hacia Elena Soto, que estaba de pie frente a ella.
A través de la mascarilla médica de Elena, se notaba que sonreía por la forma en que sus ojos se entrecerraban. —Hoy, desde que despertó, no dejaba de mirar hacia la puerta, incluso antes de abrir bien los ojos. Quería verte lo antes posible.
Valentina sintió que el corazón se le derretía. Bajó la cabeza y rozó suavemente con su barbilla el suave cabello de Cachito.
Cuando terminó su leche, Valentina tomó un pañuelo y le limpió la boca con suma delicadeza. El bebé estiró su cuellito y cerró los ojos obedientemente para que le limpiara la cara, mientras balbuceaba pausadamente: —Mamá.
—Sí, mi amor —respondió ella. Al terminar de limpiarlo, lo acurrucó contra su pecho.
Cachito ladeó la cabeza y se apoyó en su hombro. Con sus deditos comenzó a trazar formas sobre el traje de protección de su madre.
—Mamá... ama...
A Valentina se le encogió el corazón y lo abrazó con un poco más de fuerza. —Mamá también te ama. Mamá ama muchísimo a su bebé.
Desde su hombro, la tierna vocecita de Cachito volvió a sonar: —Mamá... ama...
Y luego, levantó su bracito.
Valentina giró la cabeza siguiendo la dirección de su dedo.
Cachito señalaba la fotografía de ella pegada en la cabecera de la cuna y, tartamudeando, dijo: —Mamá... ama... papá.
Justo cuando Valentina logró entender lo que había dicho, vio al hombre que estaba parado frente a la puerta de aislamiento.
Evidentemente, él también había escuchado las palabras de Cachito. A través de la visera transparente, su rostro no delataba ninguna emoción, solo sus manos se apretaron ligeramente en un puño.
—Papá —Cachito notó a Sebastián, pero no soltó su abrazo a Valentina. Dejó su cabecita apoyada en el hombro de su madre, sin mostrar intención de estirar los brazos para que él lo cargara.
Sebastián se acercó. Su mano grande y protectora acarició la cabeza de Cachito a través del traje de protección. Con su voz profunda y magnética, intencionalmente suave, preguntó: —¿Ya te tomaste toda tu lechita?
—Toda —respondió Cachito, con la mejilla aplastada contra el hombro de Valentina, haciendo un puchero al hablar.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....