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La Otra Embarazada romance Capítulo 1

—Señora, perdió mucha sangre y eso provocó el aborto.

—Lo siento, hicimos todo lo que pudimos.

El médico estaba de pie junto a la cama de Alma Estrada, mirándola con lástima.

Hacía un día, un transeúnte había llevado a Alma al hospital. Tras seis horas de maniobras de emergencia, no habían podido salvar a su bebé.

Alma miraba fijamente el techo, sin decir una palabra.

En ese momento, en la televisión, una presentadora daba las noticias de espectáculos más recientes.

«... la estrella en ascenso del diseño arquitectónico, Rosalía Lara, regresó al país hace una semana. Su misterioso novio apareció para recibirla en el aeropuerto. Según fuentes cercanas, Rosalía fue vista en el hospital hace dos días para un chequeo; se rumorea que podría estar embarazada. ¡Parece que pronto habrá buenas noticias!».

Alma giró la cabeza y vio una foto aparecer nítidamente en la pantalla del televisor.

En la imagen, entre la multitud, Rosalía, de rasgos delicados y dulces, llevaba un vestido blanco largo. Sostenía un ramo de flores con una sonrisa radiante mientras estaba de pie junto a Oliver Robles, quien vestía un traje negro impecable y mostraba esa expresión fría y profunda que lo caracterizaba.

Uno de negro y otra de blanco; él duro y ella suave. Parecían una pintura perfecta, imposible de ignorar.

Una lágrima rodó por su mejilla. El mismo día que ella sufría un aborto, su esposo acompañaba a otra mujer a su revisión prenatal...

El celular sonó de repente.

Alma se secó las lágrimas con el dorso de la mano y tomó el teléfono que estaba sobre la almohada.

El nombre «Oliver» parpadeaba en la pantalla, como si golpeara insistentemente sobre su herida abierta.

—¿Dónde estás?

Apenas contestó, la voz dura e impaciente de Oliver golpeó sus tímpanos.

Alma echó un vistazo a la fría habitación del hospital y a la televisión que seguía transmitiendo. Recordó que, cuando ella le hizo esa misma pregunta anteayer, él le había respondido con frialdad: «Alma, ¿con qué derecho me preguntas eso?», antes de colgarle. La ironía de la situación le revolvió el estómago.

—¿Pasa algo? —Cerró los ojos, tragándose el nudo en la garganta.

—¡Alma, no me digas que olvidaste qué día es hoy!

Al escucharlo, Alma se detuvo un segundo y miró la fecha y hora en el reloj de pared.

Era día quince. La familia Robles tenía la regla estricta de celebrar una cena familiar cada mes.

—Mándame la ubicación, haré que alguien pase por ti.

Alma apretó los labios, que estaban tan pálidos que parecían transparentes, recuperó un poco de color por la fuerza con la que los mordió.

Capítulo 1 1

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