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La Otra Embarazada romance Capítulo 14

—Alma, de verdad que nunca decepcionas. ¡Solo sabes hacer estos trucos repugnantes!

Los ojos de Oliver eran puro hielo. Irradiaba un aura hostil y la miraba con absoluto desprecio y asco.

Alma sintió que se le congelaba la sangre. Él creía que ella le había contado al abuelo lo del divorcio...

Entreabrió los labios rosados para explicarse, pero al toparse con su mirada, sintió un nudo en la garganta que le impidió hablar. Esa mirada helada solo se posó en ella un segundo antes de apartarse, como si mirarla más tiempo le ensuciara la vista.

Oliver dio una zancada larga, esquivándola, y siguió su camino hacia la salida.

Alma apretó los labios y, sin darse cuenta, cerró los puños a los costados.

—Almi, entra —sonó la voz de Benjamín.

Alma se compuso rápidamente y entró.

—Abuelo.

—¿Llevas mucho tiempo ahí fuera? ¿Lo escuchaste todo? —La voz de Benjamín sonaba grave y con un toque de cansancio.

Alma no lo negó y asintió levemente.

—Escuché la mayor parte.

Benjamín soltó un murmullo de afirmación.

—Tranquila. Mientras este viejo siga vivo, no permitiré que Oliver se divorcie de ti. En la familia Robles solo nos separamos por viudez, no existe el divorcio. Ese plazo de un año es solo una estrategia para ganar tiempo. Después de un año...

—Abuelo, el divorcio lo propuse yo.

—¿Tú...? ¿Cómo que tú propusiste el divorcio? —Benjamín se quedó atónito, pero enseguida su expresión se volvió severa—: ¿Es por culpa de esa mujer?

Alma negó con la cabeza.

—Abuelo, quiero el divorcio. No tiene nada que ver con nadie más.

Benjamín no le creyó y golpeó el suelo con el bastón.

—¡Cómo no va a tener que ver! ¡José! ¡Ve a la casa de los Lara! ¡Tráeme a esa mujer! Quiero ver qué tan capaz es de...

Antes de que terminara, Alma se acercó y tomó las manos del abuelo con firmeza.

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