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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 234

—Hasta para jugar a las cartas hay que usar la cabeza. Y tú, ¿tienes cabeza?

—…

—Claro que tienes. Pero no mucha.

Después de burlarse un poco más, Jairo recogió la pala y la devolvió a su sitio.

—¿Qué pasó? Entré a echarme una siesta y ya me están maltratando a mi invitado. —Carolina Flores salió de la casa bostezando. Al ver a Gabriel en ese estado, se acercó lentamente.

—Al invitado que trajiste le dimos todo el respeto. El propio señor Crespo jugó varias rondas con él —dijo Thiago Flores, fingiendo bromear mientras le lanzaba varias miradas de advertencia a su hermana.

Carolina sonrió.

—Pues eso es maltratarlo. ¿Quién en su sano juicio se atrevería a jugar a las cartas con el señor Crespo? ¡Eso es buscarse problemas!

—¡Él quiso jugar! —intervino Ignacio.

—Ah, bueno, entonces no es culpa de nadie más. ¡Es culpa suya por no pensar!

El comentario de Carolina hizo reír a todos. Ella, mientras tanto, se acercó y ayudó a Gabriel a levantarse.

—Hace bastante frío, ¿por qué no te vistes? —dijo Carolina, intentando ponerle la ropa.

—¡Perdió otra ronda, todavía no se quita los calzoncillos! —gritó alguien en tono de broma. Los demás se unieron, diciendo que si había jugado, tenía que aceptar la apuesta.

—¿Que se los quite? —Carolina hizo una mueca—. ¿Ustedes quieren ver?

—¡Claro!

Alguien gritó y todos se echaron a reír.

—Ya me quiero ir —susurró Gabriel a Carolina, rojo de vergüenza.

Carolina lo miró con un destello de asco en los ojos al verlo tan patético. Aun así, le dijo:

—Si te quieres ir, te vas. No son secuestradores ni criminales, no te van a obligar. Pero piénsalo bien: ¿de verdad Grupo Triunfo va a renunciar al proyecto de Grupo Crespo?

—Esto no tiene nada que ver con el proyecto.

Isabella, sentada en el alféizar de la ventana, observaba todo lo que ocurría abajo.

Para entonces, ya había suspirado varias veces.

El cliente siempre tiene la razón. Acompañarlo a beber y sonreírle a todo es lo básico. Pero para jugar con él, se necesita estrategia: hay que hacer que se divierta sin quedar en ridículo.

Ella había cerrado muchísimos proyectos y nunca había terminado en una situación tan patética como la de Gabriel.

Él era… indescriptible.

Mientras Isabella seguía reflexionando, Gabriel fue empujado de nuevo hacia afuera. No sabía si Carolina lo había hecho para cuidarlo o por pura malicia, pero al menos le había puesto algo más de ropa: un delantal.

Un hombre corpulento, con solo unos calzoncillos debajo, cubierto por un delantal.

Isabella se tapó la cara. ¡Eso era peor que verlo solo en calzoncillos!

***

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