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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 233

En la siguiente ronda, Gabriel volvió a perder.

Los demás empezaron a corear: ¡que se los quite, que se los quite!

Gabriel, con la cara completamente roja, se miró los calzoncillos que le quedaban y se los sujetó con fuerza. Luego, miró a los demás, todos vestidos de pies a cabeza, especialmente a Jairo, que estaba sentado frente a él y no había perdido ni una sola vez…

Esto… ¡esto no era normal!

—¡Ustedes… ustedes seguro están haciendo trampa! —gritó Gabriel, fuera de sí.

Tras esa acusación, el ambiente se enfrió de golpe.

Ignacio frunció el ceño.

—Gabriel, tú fuiste el que se acercó e insistió en jugar con nosotros. Nadie te obligó, ¿o sí?

Gabriel apretó los labios, sin saber qué decir.

—Perdiste una y otra vez, y cuando llegó el momento de quitarte los pantalones, te aconsejé que lo dejaras. ¿Me hiciste caso?

Gabriel se quedó aún más mudo.

Ignacio bufó.

—Pierdes y encima sales con que los demás son tramposos. ¡Qué poca vergüenza la tuya!

—Yo…

—Eres un hombre hecho y derecho y tu palabra no vale nada. ¡Si no sabes perder, no juegues!

Las palabras eran duras, muy duras. Gabriel sintió todas las miradas sobre él: de desprecio, de burla, de lástima…

Hasta el viento parecía burlarse de él, soplando en ráfagas que lo hacían temblar de frío.

*Clic*.

Enfrente, Jairo encendió un cigarro. Mantenía la vista baja, sin mirarlo, pero aun así, Gabriel sintió que ese hombre era peligroso. Un miedo casi instintivo se apoderó de él.

—¡Como sea, hicieron trampa, así que ya no juego!

Gabriel, ya sin nada que perder, se levantó de un salto. Para demostrar su enojo, pateó la silla y recogió la ropa que había dejado a un lado, dirigiéndose a la salida.

La puerta estaba a solo unos pasos. Apresuró la marcha, como si el peligro lo acechara.

—¡Jairo!

Facundo gritó su nombre, como intentando detenerlo.

El corazón de Gabriel dio un vuelco. Sintió una ráfaga de aire frío a sus espaldas. Se giró de golpe y vio a Jairo caminando hacia él a grandes zancadas, con una pala de jardín en la mano.

Su rostro no mostraba expresión alguna, pero eso solo lo hacía parecer más frío, más peligroso. La hoja de la pala, afilada, brillaba con una luz helada.

¿Qué iba a hacer?

¿Atacarlo?

Gabriel retrocedió a toda prisa, pero el miedo le debilitó las piernas y cayó sentado al suelo.

Capítulo 233 1

Capítulo 233 2

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