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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 266

—Claro.

—Pronta llegada de herederos, que la siembra sea por pares.

—Pronta llegada de herederos, que la siembra sea por pares.

Casandra y Otilia intercambiaron una mirada, su aire de superioridad creciendo a cada segundo.

—Un hijo y una hija, la pareja perfecta.

Isabella repitió sin dudarlo:

—Un hijo y una hija, la pareja perfecta.

—Un hombre talentoso y una mujer hermosa, juntos son el uno para el otro. Cien años de felicidad, dicha y fortuna.

—Un hombre talentoso y una mujer hermosa, juntos son el uno para el otro. Cien años de felicidad, dicha y fortuna.

Viendo lo cooperativa que era Isabella, Casandra ya estaba empezando a sentirse en las nubes.

—Ay, Bella, este ritual debería hacerlo alguien con mucha suerte. En teoría, no deberíamos pedírtelo a ti, pero como eres la mejor amiga de Oti, queríamos que se te pegara un poco de nuestra buena fortuna.

Isabella terminó de colocar la última botana y se levantó.

Justo en ese momento, Diana se acercaba a la habitación.

Isabella, con astucia, le preguntó a Casandra:

—Señora, ¿cuánto preparó de dote para Oti?

—¿Qué dote le voy a preparar yo? —frunció el ceño Casandra.

—Cuando una hija se casa, ¿la familia no le da una dote? Mi papá me dio medio millón.

Elías sí le había preparado medio millón. Era un gesto de su parte que ella no rechazó, aunque planeaba añadirle más dinero para comprarle una casa a Leandro en Nublario.

—¿Tu papá, el que recoge basura, pudo juntar medio millón?

—Si mi papá, recogiendo basura, pudo juntar medio millón, usted y su esposo, que son tan capaces, ¿no deberían darle por lo menos un millón de dote?

—¡Yo no voy a dar ni un centavo!

—Ah, qué mal se ve eso.

—¡Ja! Si su familia no da un peso de regalo, yo tampoco doy un peso de dote.

Isabella miró de reojo a Diana, que estaba parada afuera. Como era de esperar, su rostro se había ensombrecido.

—¡Y tú tienes el descaro de criticarnos! Tu familia Ibáñez será muy importante, ¡pero tampoco dieron un centavo de regalo!

—¡Una cosa es que nosotros no demos y otra que ustedes no puedan!

—¡Ustedes no dieron para humillar a mi hija, nosotros no podemos pero no es para humillar a tu hijo!

—¡Son una bola de muertos de hambre!

—¿A quién le dices así?

—¡A ti te lo digo!

Un grupo de familiares, en lugar de separarlas, observaba el espectáculo con una sonrisa.

«El novio es un infiel que engañó a su prometida, y la novia se metió con el novio de su mejor amiga. ¡Ninguno de los dos vale nada! Ja, ya verán, ¡mañana va a ser todavía más divertido!».

El ruido de la pelea atrajo a Gabriel. Él y Otilia tuvieron que intervenir y separar a sus respectivas madres.

Isabella se reía tanto que apenas podía mantenerse en pie. Con solo un pequeño empujón, ya había logrado que se pelearan.

Pero lo mejor estaba por venir. Le envió a Carolina la foto que había tomado de la cama nupcial recién arreglada.

***

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