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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 356

—¿Qué tanto miras? ¿Quieres que te demos otra paliza?

Isabella salió de detrás de Óscar y lo miró de reojo.

—¿Y bien? ¿Vas a pelear o vas a dejar que sigan soltando basura por la boca?

Óscar apretó los puños, obediente, pero la preocupación se reflejaba en su rostro.

—Cuñada, y si no podemos con ellos…

Isabella no lo dejó terminar. Ya se había lanzado al ataque.

—¡No importa si no podemos! ¡Lo que importa es que aprendan que no eres fácil de intimidar!

—¡De acuerdo! —gritó Óscar y, tras un instante de duda, se lanzó también a la pelea.

—Además, si perdemos, para eso está tu hermano.

Óscar, que había cargado con todo el ímpetu, casi se tropieza al oír eso. Pero ver a Isabella, con sus tacones, su abrigo de diseñador y su maquillaje impecable, repartiendo ganchos y patadas sin miramientos, como si le fuera la vida en ello, le dio el valor que necesitaba. Soltó un grito de guerra y se abalanzó sobre el pandillero que más lo había molestado.

Pelear era el fuerte de Isabella, así que lo disfrutó. A Óscar le fue un poco peor; recibió varios golpes, pero no se quedó atrás, sobre todo porque tenía mucha rabia acumulada que necesitaba sacar.

—¡Maldita sea, me mordiste! ¡Aaaah, me vas a arrancar la mano!

Óscar no tenía técnica, así que peleaba sin reglas. Usaba manos, pies e incluso la boca. Golpeaba en la cara, en las partes bajas y hasta jalaba el pelo. Al final, sacó una furia tal que logró intimidar a su oponente.

—¡Ya, ya, no más! ¡Me rindo! ¡Te juro que no te vuelvo a molestar! ¡Ya no te vamos a obligar a que nos llames abuelo, de ahora en adelante tú eres nuestro abuelo! ¿Contento?

Óscar, en un uno contra uno, hizo que su rival suplicara por piedad.

Isabella, en un uno contra tres, también logró que los suyos se rindieran.

—¡Señorita, por favor, perdónenos! ¡Ya entendimos!

Un taconazo en el pecho dolía, y mucho.

Después de darles una buena lección, Isabella y Óscar se detuvieron. Los pandilleros, tras disculparse repetidamente, se levantaron como pudieron y huyeron despavoridos.

Óscar soltó un grito de victoria.

Haber llevado a su cuñado a una pelea probablemente le iba a costar un regaño.

Ambos caminaron cabizbajos hacia Jairo. Isabella, sintiendo lástima por Óscar, estaba a punto de asumir toda la responsabilidad, pero Óscar se le adelantó.

—No fue mi culpa, la cuñada empezó.

Isabella no pudo contenerse y le dio una patada.

Óscar exageró el dolor con un grito y trató de refugiarse en los brazos de Jairo, quien, afortunadamente, lo apartó con agilidad.

Óscar puso cara de tragedia.

—Hermano, mamá no me quiere. ¿Tú tampoco me quieres ya?

Isabella sintió una punzada de incredulidad. Pensaba que era un conejito blanco, adorable e inocente, pero resultó ser un conejito blanco con un toque de chantajista.

Jairo, que obviamente conocía bien a su hermano, no se conmovió en lo más mínimo. Con voz gélida, preguntó:

—Me acaba de llamar Facundo. Dice que tú tomaste las fotos de su supuesta infidelidad con esa actriz y que tú las filtraste a la prensa. ¿Es cierto?

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