El asunto era grave. Isabella se apartó de Óscar varios pasos para no verse salpicada.
Óscar puso los ojos en blanco varias veces, se esforzó por exprimir una lágrima y, señalando un rasguño que le habían hecho los pandilleros en el brazo, le dijo a Jairo con voz lastimera:
—Hermano, me pegaron. Me duele mucho.
Jairo entrecerró los ojos.
—¡Parece que no te pegaron lo suficiente!
—¡Hermano!
—¡Confiesa!
Óscar intentó negarlo, pero al ver que la cara de Jairo se endurecía cada vez más, no tuvo más remedio que admitirlo en voz baja.
—Es que… de verdad me encontré a ese par de adúlteros por casualidad.
—¡Óscar!
—A Facundo y a la actriz esa.
—Que te los encontraras fue casualidad, ¿pero tomarles fotos y filtrarlas a la prensa también?
—Yo… —Óscar dudó un momento y luego, apretando los dientes, lo soltó todo sin miramientos—. ¡Está casado y anda de mujeriego! ¡Ese tipo de comportamiento merece ser expuesto y condenado por la sociedad! ¡Lo que hice fue un acto de justicia!
La respuesta de Jairo a su «acto de justicia» fue una sonora palmada en la nuca.
—¿Crees que no sé cuáles eran tus verdaderas intenciones?
Óscar se rascó la nariz, sin negarlo.
—¡Floriana se merece a alguien mejor, Facundo no está a su altura!
—¡No te des tanto crédito!
—Pues soy mejor que Facundo.
Jairo, entre la ira y la incredulidad, soltó una risa.
—¿En qué eres mejor que él?
—En todo.
Isabella tampoco pudo evitar reírse. Óscar había jugado todas sus cartas.
Primero, filtró el escándalo de Facundo y la actriz. Luego, corrió al set de Floriana con la intención de consolarla y aprovechar la situación. Lo que no esperaba era que Floriana dejara el rodaje para ir a solucionar el desastre de Facundo.
Y él, terco, se quedó esperando en el set, hasta que lo atraparon.
Tanto esfuerzo para nada.
Y ahora que su plan había sido descubierto, le esperaba una buena reprimenda.
—Que a una mujer tan salvaje como tú le guste a alguien… ¡qué gustos tan raros tiene mi cuñado!
—¡Lárgate!
***
Tras la paliza, un Óscar lastimero salió del callejón detrás de Jairo.
Isabella lo miró de reojo. Se quejaba de dolor, sobándose el trasero y la cabeza alternativamente.
—Bueno, ustedes dos, vuelvan a la escuela.
Le hizo un guiño a Óscar.
Él captó la indirecta al instante.
—¡Hermano, ya me voy a la escuela, prometo no meterme en más líos!
Y dicho esto, salió corriendo.
Leandro bufó, se dio la vuelta y se fue también.
Isabella, al ver que no había nadie alrededor, se lanzó a los brazos de Jairo con la intención de que olvidara que había llevado a su cuñado a una pelea. Pero él no cayó en el juego. La apartó con firmeza y empezó a caminar de vuelta, visiblemente enojado.
¿Por qué tanto drama?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...