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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 365

—Esta vez sí que es imposible.

Al oír que Isabella le había garantizado a Eliana que su hijo subiría otros cincuenta puntos en los exámenes finales, Leandro negó con la cabeza, insistiendo en que era imposible.

—Sí, la otra vez apostaste a que el chico estaba en su etapa rebelde y bajaba sus calificaciones a propósito para hacer enojar a sus papás. Ya lo obligamos a mostrar de lo que es capaz; no hay más de dónde sacar —añadió Óscar.

Isabella no dijo nada. Sonriendo, puso una bolsa con dinero sobre la mesa, sacó dos fajos de billetes y, bajo la mirada brillante de ambos, los empujó hacia ellos.

Los dos eran unos interesados, así que no pudieron resistir la tentación y extendieron las manos. Pero Isabella puso una mano sobre cada fajo y los miró arqueando una ceja.

Leandro puso los ojos en blanco.

—¡Sabía que tu dinero no era fácil de ganar!

—¿No es fácil?

—¡Son cincuenta puntos! —se quejó Óscar—. Faltan dos meses para los exámenes finales. A menos que el chico sea un genio, ¡nosotros solos no podemos lograrlo!

—Pero si aceptan ahora, los cien mil son suyos al instante, ¿no?

—¡Cuando lo hablamos, no dijiste que había condiciones extra!

—Tampoco firmamos un contrato. Si digo que los acuerdos de palabra no cuentan, ustedes se quedan sin sus cien mil.

—¡Abusiva!

—Estoy sacrificándome para enseñarles una lección: ¡que no se puede confiar en nadie!

Óscar resoplaba de coraje, pero Leandro aceptó la realidad bastante rápido.

—Bueno, ¿y si le damos clases pero en los exámenes finales no sube los cincuenta puntos?

Isabella les entregó los dos fajos de billetes con una sonrisa maliciosa.

—Mi acuerdo con su mamá también fue de palabra. Si no se puede, no se puede. Pero la colaboración entre nuestras empresas está en un contrato firmado, y eso no se puede cancelar así como así.

Óscar la miró con los ojos muy abiertos.

—En fin, ustedes solo tienen que dedicarse a darle clases al hijo de la señora Gutiérrez. Si es un genio o no, eso la verdad no lo investigué, pero al menos tonto no es.

Cuando investigó a Eliana, se enfocó en su hijo y descubrió que, mientras las calificaciones de sus compañeros subían y bajaban constantemente, las de él se mantenían increíblemente estables. Por eso sospechó que estaba controlando sus notas.

A su hijo le gustaba el *skateboard*, así que Isabella mandó a Óscar a competir con él para despertar su espíritu competitivo. Luego, lo venció con un truco especial. Cuando el chico quiso que Óscar le enseñara ese truco, Óscar le puso como condición subir cincuenta puntos en los exámenes parciales.

Una vez que el chico aceptó, Leandro le dio clases personalizadas para mejorar rápidamente sus calificaciones.

Ese fue un atajo, pero para subir otros cincuenta puntos en los finales, tendría que estudiar en serio.

Pero no importaba. Ayudar al hijo de Eliana a mejorar sus notas era solo un pretexto para abrir la puerta, para conseguir una oportunidad de sentarse a negociar con el Grupo Gutiérrez.

Que el acuerdo se cerrara o no, al final dependía de si su empresa tenía la capacidad, si el equipo del proyecto era lo suficientemente profesional y si su propuesta era lo bastante impresionante como para convencerlos.

Y mientras ella se esforzaba tanto por conseguir esa oportunidad, Adriana, con tan solo una llamada de su madre, se sentó directamente frente a Eliana.

***

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