—La señora Méndez sabía que Rafael tenía a otra en el corazón antes de casarse con él, pero aun así aceptó. Sin embargo, la indiferencia y frialdad emocional de Rafael la llevaban al límite, por lo que discutían con frecuencia.
—En cuanto a Aurora, parece que desapareció, porque Rafael nunca ha dejado de buscarla.
No, no fue así.
Fue Rafael quien la engañó primero y luego abandonó a su madre. Y fue la familia Méndez la que obligó a su madre a divorciarse. Eso fue lo que su madre le contó; no podía estar equivocada.
—Creo que, independientemente de lo que haya pasado, Rafael debió de amar mucho a Aurora. Ese amor no ha cambiado en treinta años, lo que demuestra su profundidad y sinceridad —concluyó Iván.
Isabella frunció el ceño. Siendo Iván un observador externo, su conclusión debía ser fiable.
Pero…
¡¿Qué demonios pasó en realidad en aquel entonces?!
***
De vuelta en su habitación, Isabella comenzó a tratar de ordenar los hechos de aquella época.
Al combinar lo que su madre le había contado con lo que decía Rafael, parecía haber una discrepancia. ¿Era un malentendido o una mentira maliciosa por parte de Rafael?
En ese momento, su teléfono vibró. Abrió WhatsApp y vio que Diana le había enviado una foto.
El fondo era un salón de banquetes y en la foto aparecía Marcela.
[He tenido una charla muy amena con la señora Crespo. Me ha preguntado mucho sobre ti. He intentado dejarte en buen lugar, contándole solo lo bueno, pero me he dado cuenta de que lo que más le preocupa es tu salud. Quiere que le des un heredero a la familia Crespo cuanto antes.]
[¿Crees que debería decirle que tuviste un accidente de carro, que tu útero quedó dañado y que no puedes tener hijos, que es imposible que le des un heredero?]
A pesar de ser solo texto, Isabella pudo sentir la presunción de Diana.
[¿Qué es lo que quieres?] —le escribió.
[¡Que firmes la carta de perdón para que el tribunal le dé a Gabriel una sentencia más leve!]
[Imposible.]
—Tuve un accidente de carro hace tiempo. Es cierto que mi útero sufrió daños, pero he estado tomando un tratamiento para recuperarme…
—¡Basta! —le gritó Marcela—. ¡No tengo tiempo para que te recuperes! ¡Lo que quiero es que te embaraces en menos de un año!
—Eso no puedo garantizarlo.
—¡Me engañaste! ¡Nos engañaste a todos!
—Iván y Jairo lo saben.
—¡Así que se unieron a ti para engañarme!
—Señora Crespo, Jairo y yo ya estamos casados y nuestra relación es muy buena. Esto no tiene que ver con tener hijos. Espero que lo entienda y confíe en nosotros.
—La señora Ibáñez tenía razón. Eres una farsante y una mala influencia. ¡No puedes seguir en la familia Crespo! ¡Divórciate! ¡Quiero que te divorcies de mi hijo ahora mismo!
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...