El que recibió la golpiza fue David, pero el que terminó en el hospital fue Rafael.
Después de darle una paliza, se desmayó por la pura rabia.
Isabella y Leandro llegaron al hospital y, esquivando a los guardaespaldas, se acercaron a la habitación de Rafael. Su intención era preguntarle qué había pasado realmente en aquel entonces, pero vieron que Ivana y David estaban adentro. David estaba arrodillado junto a la cama de Rafael.
—Rafael, si todavía no se le pasa el coraje, ¡sígame pegando!
David tenía la cara hinchada y amoratada por los golpes, pero no se atrevía a quejarse en lo más mínimo.
Rafael, por su parte, lo miraba con furia, apretando los dientes.
—¡Te advertí que no volvieras a mencionar lo que pasó!
David apretó los labios.
—Es que vi cómo todos hablaban maravillas de Aurora y no me pude aguantar. Y es la verdad, si ella no me hubiera seducido cuando estaba borracho, yo… yo no le habría hecho eso, Rafael. Y luego, por su culpa, usted se vengó de mí y perdí la mitad del patrimonio de mi familia.
—¡Todavía te atreves a decirlo! —rugió Rafael.
—No lo culpo, Rafael. Fui yo el que no resistió la tentación. Pero si vamos a hablar de culpas, la mayor responsable es Aurora. ¡Se acostó conmigo por dinero, es una cualquiera…!
—¡Cállate!
Rafael tomó el termo de la mesita de noche y se lo arrojó a David. Este apenas logró esquivarlo; si le hubiera dado en la cabeza, seguro se la habría abierto.
El susto lo dejó pálido, y empezó a darse de bofetadas.
—Rafael, soy un imbécil, me equivoqué. Le fallé en aquel entonces, ¡merezco morir!
Ivana suspiró y se acercó para ayudar a Rafael a recostarse.
—No sé exactamente qué pasó en ese entonces, pero ya han pasado tantos años. Deberías dejarlo ir.
Rafael apartó la mano de Ivana y volvió a mirar a David.
—Borra inmediatamente todos esos comentarios insultantes que publicaste sobre Aurora.
David dudó un momento.
—Ya los publiqué y todo el mundo los vio. Aunque los borre, ya no sirve de nada.
—¿Entonces qué hacemos?
Isabella tomó a Leandro del brazo y regresaron a la puerta de la habitación de Rafael. Vieron a Ivana sirviendo un vaso de agua y dándoselo a Rafael con una cuchara.
—Tú sabes que tienes problemas del corazón y aun así te enojas de esta manera. Si te pasara algo, ¿qué haría yo?
Rafael frunció el ceño.
—Estoy bien.
—¿Cómo que estás bien? El doctor dijo que si tu condición empeora, podría provocarte un infarto, y eso podría costarte la vida.
—La opinión en internet es muy desfavorable para Aurora. Aunque no es una figura pública, no quiero que la critiquen así. Yo podría salir a defenderla, pero cualquier cosa que diga, la gente pensará que solo la estoy protegiendo, y eso no ayudaría a calmar las cosas, así que…
—¿Quieres que yo salga a aclarar las cosas por ella?
—Ivana Méndez, sé que pedirte esto es muy injusto para ti, pero no me queda más que decirte que lo siento.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...