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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 386

—De acuerdo —sonrió Ivana—. Pero no tienes que disculparte. Entre nosotros no necesitamos eso.

Rafael tomó la mano de Ivana.

—Te he hecho pasar por mucho estos años.

Ivana le devolvió el apretón.

—Cuando me casé contigo, fuiste muy claro. Me dijiste que amabas a otra mujer y que probablemente la amarías toda la vida. Yo lo sabía y lo acepté sin condiciones, así que no hay nada de qué quejarme o lamentarme.

—Aun así, siento que te he fallado —dijo Rafael, culpable.

—Si de verdad sientes que me has fallado, entonces esfuérzate por aceptar lo que pasó.

—…

Ivana suspiró levemente.

—Le pregunté a David hace un rato. Me dijo que… que Aurora lo buscó en aquel entonces solo por un vestido. La verdad, no lo entiendo.

Rafael frunció el ceño con fuerza. No quería recordar el pasado, pero el peso de la memoria lo estaba asfixiando y necesitaba desahogarse.

—Después de que rompí relaciones con mi familia, nuestra vida se volvió muy difícil. No conseguía buenos papeles, solo hacía de extra. Lo que ganaba en un mes, después de comprarle sus materiales de pintura, apenas nos alcanzaba para comer.

—Pero siempre sentí que esa fue la época más feliz de mi vida. Aunque quizá ella no pensaba lo mismo.

—Una vez, mientras paseábamos, se quedó mirando el aparador de una tienda de ropa. Supe que le había gustado el vestido blanco que llevaba el maniquí. Le prometí que se lo compraría para su cumpleaños. En ese momento tenía mucha confianza, porque había conseguido un trabajo como doble de acción.

Al recordar esto, el rostro de Rafael se llenó de una tristeza profunda.

—Desde entonces, nunca volví a buscarla. Pensé que seguía en aquel jardín, pero después me enteré de que lo vendió poco después de que yo regresara con mi familia y desapareció.

—Mi papá me contó que sí vino a buscarte a la casa, pero que él le dio a elegir entre tú y cinco millones de pesos. Y eligió el dinero —dijo Ivana.

—Sí, después de eso, perdí toda esperanza.

—Y como era de esperarse, nunca más volvió a buscarte a la casa.

Isabella frunció el ceño. Quizá su madre no volvió a la casa de los Méndez, pero ella sí. Fue en aquel día de tormenta, cuando les rogó llorando que salvaran a su mamá.

Entonces, ¡Ivana estaba mintiendo!

***

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