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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 387

Los guardaespaldas se acercaron y los dos hermanos se fueron rápidamente.

Ya en el carro, Leandro estaba un poco molesto con Isabella por haberle impedido entrar a confrontar a Rafael e Ivana.

—¿Quién conoce mejor lo que pasó en ese entonces, tú o yo? —le preguntó Isabella a su hermano, arqueando una ceja.

Leandro frunció el ceño.

—Pero yo confío en mamá. Ella no sería infiel por un vestido, y mucho menos aceptaría cinco millones de pesos de los Méndez. Si lo hubiera hecho, no habríamos pasado tantas dificultades después.

—Yo también confío en mamá, pero para limpiar su nombre, no basta con que nosotros dos creamos en ella.

—¿Entonces?

Isabella lo pensó un momento.

—¡Vamos a buscar a David!

Según la investigación que su hermano había hecho sobre David, el tipo era un sinvergüenza de primera que, amparado por el dinero de su familia, se metía en toda clase de problemas. Para tratar con gente así, había que jugar su mismo juego.

Isabella fue primero a Construcciones Avanzadas. Tras identificarse, pidió en recepción una cita con Luciano.

Luciano era el hombre que, instigado por Carolina y Gabriel, había intentado sobrepasarse con ella.

Pero las cosas habían cambiado. Luciano no solo bajó personalmente a recibirla con una sonrisa servil, sino que, en cuanto entraron al elevador, empezó a disculparse.

—Antes, esos tontos de Gabriel y Carolina me engañaron. No sabía que usted era la señora de Jairo, por eso… por eso hice esa estupidez.

Se frotaba las manos, probablemente pensando que ella había ido a Construcciones Avanzadas para ajustar cuentas.

Construcciones Avanzadas era una empresa pequeña. Si el Grupo Crespo quisiera aplastarla, sería muy fácil, así que el miedo de Luciano estaba justificado.

—Vine a buscarlo hoy, Luciano, porque en realidad quiero pedirle un favor.

—¿Un favor? ¿A mí?

Luciano parpadeó, preguntándose en qué podría ayudar a la esposa de Jairo Crespo.

—¿Conoces a un tal David?

Luciano pensó un momento.

—¿El de Muebles y Estilo?

—Ese mismo.

—No he tenido mucho trato con él.

—Pues es hora de que lo tengas. Necesito sacarle algo de información.

—Soy la persona que le pidió a Luciano que te trajera aquí —dijo ella sin rodeos.

Sabiendo que ella era capaz de darle órdenes a Luciano, David tragó saliva y no se atrevió a mirarla a los ojos.

—Yo… yo voy a pagar…

—¿En cuánto tiempo?

—En… en un mes.

—Ja. En un mes, lo más probable es que los perros callejeros ya se hayan comido hasta tus huesos.

Al oír esto, David empezó a temblar de miedo.

—¡Lo haré lo antes posible! ¡Por favor, perdónenme la vida!

Isabella lo estaba asustando a propósito. Solo si le tenía miedo, no se atrevería a mentir cuando le hiciera las preguntas.

—Entonces responde a mis preguntas con la verdad.

—Lo haré.

***

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