—Mi niña, mira la sorpresa que te preparó el abuelo.
—¿Un caballito de madera?
—¿Te gusta?
—¡Abuelo, ya tengo veintisiete años, no soy una niña!
—¡Apenas veintisiete, claro que sigues siendo una niña!
—¡Abuelo!
—Para tu abuelo, mi niña siempre será mi pequeña.
Una conversación cálida llegó desde el jardín trasero. Isabella se acercó unos pasos y, a través de unos arbustos, vio a Julen y Adriana a poca distancia.
Julen era una leyenda en el mundo de los negocios. Heredó la empresa de su padre cuando la familia Méndez solo tenía dos grandes almacenes. Desde que tomó las riendas, comenzó a remodelar, modernizar y, aprovechando el auge económico, transformó esos dos almacenes de bajo costo en tiendas de lujo, convirtiéndolos en un emblema de Nublario.
Luego, expandió su negocio por todo el país. En veinte años, los almacenes del Grupo Méndez estaban por todas partes, forjando el imperio que es hoy.
En público, era un hombre decidido y con el porte de un empresario de la vieja escuela. En casa, sin embargo, era completamente diferente. Con un delantal puesto y una navaja en la mano, retocaba el caballito de madera y luego, ansioso, le pedía a su nieta que lo probara.
Adriana hizo un puchero.
—¡Si alguien me ve, se va a reír de mí!
—¡A ver quién se atreve! —dijo Julen, fingiendo enojo.
Adriana se rio y se sentó en el caballito, tallado a su medida. Agarró las riendas y lo meció un poco.
—¡Ay!
El caballito se inclinó hacia adelante y ella gritó asustada, pero era muy estable y enseguida volvió a su posición.
Después de mecerse un par de veces, se echó a reír.
—¿Te gusta?
—Sí, pero ¿por qué el caballito tiene un cuerno en la cabeza?
—Es un caballito volador.
—Parece una manija.
—Pues ábrela.
—¡Y me llamó la otra!
—¡Quién se cree que es!
—¡Qué le ve Jairo!
—¡No solo es una trepadora, también es fea!
—¡Pues yo voy a recuperar a Jairo!
—Lo que mi niña quiere, lo tiene que conseguir. ¡Y haremos que esa Isabella se arrodille y te pida perdón!
Isabella no pudo evitar reírse. Un presidente de una gran empresa, para consentir a su nieta, no solo recurría a tácticas sucias, sino que también se rebajaba a insultar a alguien a sus espaldas. ¿Así de infantil era?
Era obvio que Julen solo le seguía la corriente a su nieta, pero el desprecio en sus ojos era genuino.
—Tus métodos son muy infantiles. Para lidiar con gente como Isabella, tienes que ser despiadada. Si le das un respiro, te morderá sin piedad.
—¡Es una perra callejera!
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...