[Aury, no te preocupes, te esperaré todo el tiempo que sea necesario.]
Isabella observó a un Rafael lleno de expectativas y sintió una punzada de tristeza. La persona a la que amaba, a la que esperaba y a la que creía que por fin volvería a ver, en realidad había muerto hacía tres años. Pronto descubriría esa cruel verdad, pero era inevitable que lo hiciera.
Luego llegó Ivana. Vestía un elegante traje de diseñador, lucía joyas ostentosas y caminaba con el aire de una dama de sociedad. Echó un vistazo alrededor y siguió al mesero hasta la mesa que había reservado.
—Qué par de esposos tan interesantes —comentó Óscar, chasqueando la lengua—. Uno se reúne con su exesposa a espaldas de su mujer, y la otra se reúne con la hija de la exesposa a espaldas de su marido. Duermen en la misma cama, pero se ocultan cosas. Qué poco se comunican.
Isabella miró la hora y le preguntó a Leandro:
—¿Por qué no ha llegado tu compañera?
Leandro miró hacia la entrada y vio a una mujer con un uniforme de trabajo azul que entraba a toda prisa. Buscó con la mirada hasta encontrar a Ivana y se acercó a ella rápidamente.
—Trabaja en un instituto de investigación, acaba de salir de trabajar —explicó Leandro.
—Tu compañera está muy ocupada y aun así le pediste este favor. Podría haber contratado a cualquiera.
—No podía ser otra persona, tenía que ser ella.
—¿Por qué?
Leandro le mostró a Isabella una foto en su celular.
—Mira, esta se la envió Ivana a David Suárez.
Isabella enarcó una ceja.
—¿Ivana se la envió a David? ¿Cómo la tienes en tu celular?
Leandro carraspeó.
—Yo también creo que esa fue la razón.
—Sabía que yo me quedaría a trabajar en Nublario y que tarde o temprano entraría en ese círculo y me encontraría con los Méndez. Tenía miedo de que Ivana me atacara, por eso recurrió a este plan.
Al decir esto, Isabella sintió un nudo en la garganta. Su madre se había opuesto firmemente a que ella tuviera cualquier contacto con los Méndez, por eso había intentado por todos los medios impedir que viniera a estudiar a Nublario. Al no lograrlo, había usado este último recurso antes de morir para protegerla en la medida de lo posible.
—Mamá debió de conocer de primera mano los métodos de Ivana y Julen, por eso tenía tanto miedo —dijo Leandro con un suspiro.
Isabella asintió. Era fácil imaginar las bajezas que Ivana habría intentado para hacerle daño si hubiera sabido desde el principio que era la hija de Aurora.
***
—«Mi silencio es un acto de compasión hacia ti». ¿Fuiste tú quien publicó eso en internet? —preguntó Ivana a la compañera de Leandro, con una expresión de desprecio y frialdad.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...