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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 411

Aunque lo dijo en voz baja, fue suficiente para que Rafael, sentado no muy lejos detrás de Ivana, lo escuchara. Efectivamente, volteó a ver, pero su mirada se posó en la persona sentada frente a Ivana.

No era la mujer que él conocía, así que frunció el ceño de inmediato.

—¿Ya le explicaste todo a tu compañera? —le preguntó Isabella a Leandro en un susurro.

—No te preocupes.

Al otro lado de la mesa, la compañera de Leandro escuchó la pregunta y esbozó una mueca.

—Claro que soy yo, ¿o de verdad crees que es mi mamá?

—¡Ja! —bufó Ivana con desdén.

—Mi madre falleció hace tres años por una grave enfermedad. Tú lo sabías perfectamente, ¡y aun así la retaste en internet a que saliera a confrontarte!

—¡Pues si tu madre ya está muerta, entonces tú también deberías cerrar la boca!

—¡Mi mamá no hizo nada malo! ¿Por qué tienes que calumniarla e insultarla a tu antojo?

Aurora estaba muerta.

Rafael se quedó petrificado al escuchar la conversación. No podía creerlo. Con la mirada temblorosa, quiso acercarse a preguntar y aclarar las cosas, pero las palabras de ambas mujeres, una tras otra, no hacían más que confirmar que Aurora había muerto.

—Hace veinte años, fui a la casa de los Méndez, pero me echaste. Hace tres años, mi mamá me llevó a buscarte para que me reconocieran como parte de la familia, pero no lo permitiste. Ahora que mi madre ha muerto, ya no quiero tener nada que ver con ustedes, los Méndez. Sin embargo, insisten en poner a mi mamá en el ojo del huracán, en manchar su nombre, en acusarla e insultarla. ¿Qué es lo que quieren? —dijo la chica, con la indignación creciendo en su voz.

—En realidad, si hubieras mantenido la boca cerrada y no te hubieras asomado, todo esto habría pasado rápido —respondió Ivana, recargándose en la silla con un aire de superioridad.

—Ustedes están difamando a mi madre…

—¿Y qué? ¿Qué puedes hacer al respecto?

—¿Crees que no puedo hacerte nada?

—¿Acaso puedes?

Ivana incluso etiquetó la cuenta de Aurora. Como si no fuera suficiente, añadió otra publicación.

[El bien y el mal: esa es la línea que defiendo firmemente.]

—¡Qué descarada! —exclamó Óscar, furioso.

Isabella observó cómo las dos publicaciones de Ivana se convertían rápidamente en tendencia. Era ridículo y, a la vez, gracioso. Silenciar la cuenta era una táctica despreciable, pero efectiva. Si se hubiera enfrentado a alguien sin recursos, esa persona no habría podido hacer nada. Pero Isabella tenía dinero; a ella no podía silenciarla.

Sin embargo, en ese momento, su objetivo era que Rafael viera quién era Ivana en realidad.

Cuanto más cruel se mostrara, más claro lo vería Rafael.

La chica apretó los dientes, llena de ira.

—Así que estás decidida a seguir echándole lodo a mi madre, ¿verdad?

—Ella y David sí que se acostaban.

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