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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 416

Al ver esto, y al recordar todo lo que su madre había hecho por ella antes de morir, y cuánto deseaba que se mantuviera alejada de la familia Méndez, pensó que tal vez debía hacerle caso.

Finalmente, Isabella se desconectó sin publicar nada.

Dejaría que las cosas pasaran. Dejaría que creyeran que la hija de Aurora no tenía ninguna relación con la familia Méndez.

Isabella se levantó, bajó a comer algo y luego regresó a su habitación. Vio la caja de cartón en un rincón y recordó que era el paquete que Elías Muñoz le había enviado. Aún no lo había abierto.

Arrastró la caja grande y la abrió con unas tijeras. Adentro había un montón de cosas: algunos de sus juguetes y ropa de cuando era niña, varios de sus diarios y algunos pequeños objetos que había coleccionado.

Isabella sacó un álbum de fotos y se sentó en el suelo a hojearlo.

La mayoría de las fotos del álbum las había tomado Elías. Se había comprado una cámara especialmente para eso y siempre le tomaba fotos cuando ella no se daba cuenta: cuando disfrutaba de una comida deliciosa, cuando hacía la tarea con concentración, cuando jugaba feliz en el parque y en muchos otros momentos.

Mientras lo miraba, Jairo regresó. Se sentó detrás de ella y miró las fotos con ella.

—Vaya, qué adorable eras de pequeña.

Isabella soltó un resoplido de orgullo.

—Por supuesto, de niña todos me querían.

Jairo se inclinó y le dio un beso en la oreja. Luego, al ver una foto de ella cuando tenía unos ocho o nueve años, soltó un «ah» de sorpresa.

—No sé por qué, pero siento que ya te había visto en alguna parte.

—Imposible. En esa época yo todavía vivía en mi pueblo.

—Me resultas muy familiar.

—Seguro me estás confundiendo con alguien más.

Isabella no le dio más importancia y siguió pasando las páginas, mostrándole a Jairo una foto de ella trepando un árbol.

—El papalote de Leandro se había atascado en el árbol, y yo subí para bajarlo. Elías me tomó la foto a escondidas. La verdad es que en ese momento tenía mucho miedo, el árbol era muy alto…

Isabella seguía hablando, pero Jairo se quedó paralizado al ver algo dentro de la caja.

Una liga para el cabello, con una peonía pegada…

—¿Me estás ocultando algo? —su voz ya sonaba un poco fría.

Isabella no lo notó, pero sí se sintió un poco culpable.

—No… no, claro que no.

—¿Qué relación… tienes con Rafael?

—¿Nosotros? —Isabella sintió pánico. «¿Acaso lo sabe?», pensó. No, era imposible, lo había ocultado muy bien—. Nosotros… no tenemos ninguna relación.

—¿En serio?

—Claro.

Isabella tragó saliva, nerviosa. Debido al accidente de Lilia en la mansión de los Méndez, la señora Crespo y Jairo detestaban a toda la familia Méndez. Si él se enteraba de su conexión con ellos, ¿también la odiaría a ella?

Por eso, no podía decírselo.

—No conozco bien a Rafael, no tenemos ninguna relación.

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