¿Y tú qué? —replicó Isabella, arqueando una ceja.
—¿Yo? —Jairo entrecerró los ojos—. ¡Yo, por supuesto, tengo más decencia que tú!
***
En la familia Crespo había dos locos: una era Marcela, que estaba enferma, y el otro era Víctor, que no lo estaba, pero era capaz de matar e incendiar; un tipo sin escrúpulos.
Víctor, como único hijo de Leonardo, debería haber sido el heredero de las empresas de la familia Crespo. Sin embargo, debido a su carácter violento, el señor Crespo lo había descartado desde hacía mucho tiempo y había decidido formar a Jairo en su lugar.
—Siempre fue una fuente de problemas. En la primaria, arrojó a un compañero a un estanque y casi lo ahoga. En la secundaria, tomó a escondidas un carro de la casa y chocó contra más de diez vehículos. En la preparatoria, provocó que una chica saltara de un edificio por su culpa y, en la universidad, se metió en las apuestas y perdió miles de millones.
Hablar de su primo le provocaba un dolor de cabeza a Jairo.
—Y no solo eso, ha intentado matarme en más de una ocasión.
Isabella no pudo evitar un escalofrío.
—Ese tipo… ¿está mal de la cabeza o qué?
—No, simplemente mi tía lo consintió demasiado.
—¿El señor Crespo fue quien lo mandó al extranjero?
—Sí. Después de que perdió esa fortuna, mi abuelo temió que, si lo dejaba seguir así, acabaría con toda la familia. Así que lo ató y lo envió al extranjero, a un lugar donde lo encerraron.
—¿Y se escapó? ¿Regresó al país?
Jairo suspiró.
—Me temo que sí.
Isabella se encogió. No quería ni imaginarse encontrarse con ese tipo. No solo estaba loco, era un verdadero peligro.
Al final, Isabella decidió no contarle a Jairo lo del robot. La familia Crespo ya enfrentaba suficientes problemas, tanto internos como externos, y él no podía ocuparse de todo.
Con eso en mente, decidió que ella misma se encargaría de hablar con Julen.
Lo llamó para proponerle una reunión, y él aceptó sin rodeos.
—La verdad es que hay algo que me causa mucha curiosidad.
Julen se recargó en el respaldo de su silla.
—Adelante.
—¿Por qué falsificar una prueba de paternidad? Aunque no le cayera bien mi madre, no creo que llegara al extremo de querer humillar a su propio hijo de esa manera, ¿o sí?
Julen negó con la cabeza y sonrió, como si la pregunta le pareciera ridícula.
—Se nota que nunca tuviste un abuelo que te adorara.
Isabella se puso seria. ¡Pues claro que no!
El que se suponía que era su abuelo biológico no hacía más que clavarle puñales en el corazón.
Julen, sin importarle los sentimientos de Isabella, continuó:
—No quiero que nada ni nadie ponga en duda el lugar de Adriana en la familia Méndez. Ella es mi nieta consentida y la única heredera de todo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...