Julen, desenmascarado, se levantó de un salto, rojo de ira.
—¡Más le vale a Crespo Tech prepararse para la quiebra! —le gritó a Isabella.
Ella también se puso de pie.
—¡La gente sin escrúpulos nunca prospera!
—¡Tú!
—Y por cierto, dijo que no tengo un abuelo que me quiera. Tiene razón, ¡porque mi abuelo ya está muerto!
Julen se llevó una mano al pecho, indignado. En toda su vida, nadie lo había tratado con tanto descaro.
—¡Ja!
Un señor que estaba sentado en la mesa de al lado no pudo contener la risa.
Ambos se giraron para mirarlo. El hombre se levantó y se acercó a ellos. Llevaba una gorra de béisbol y un conjunto deportivo gris oscuro. Se veía fuerte y lleno de vida, pero su mirada era penetrante, como la de un leopardo listo para atacar.
«¿Y este quién es?», pensó Isabella. «No solo escucha conversaciones ajenas, sino que además se ríe».
Al verlo, el rostro de Julen mostró un atisbo de nerviosismo, que rápidamente disimuló.
—¿Ya regresó al país?
—¡Julen! —exclamó el hombre—. ¡Quién lo diría! Un pez gordo como tú, arrinconado por una muchachita.
Se conocían.
Isabella observó al anciano, intentando adivinar su identidad.
Él también la miró, la examinó de arriba abajo y luego sonrió con complicidad.
—Iván sí que tiene buen ojo.
—¿Usted es…?

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...