Pero al instante siguiente, Facundo la empujó al abismo.
Isabella estaba cada vez más angustiada. En cuanto Floriana entró, llamó a Ignacio para que viniera. Ignacio llegó, pero Facundo había dado orden a sus guardaespaldas de no dejarlo pasar, así que tampoco pudo hacer nada.
Ignacio suspiró pesadamente. —De nosotros, Facundo es el que tiene el peor carácter. No escucha a nadie, ni a sus padres. Pero si Jairo habla, a él sí lo escucha.
Isabella no lo dudó y llamó a Jairo de inmediato, pero la tenía bloqueada.
Sin otra opción, le pidió a Ignacio que llamara. Aunque Jairo contestó, se negó a ayudar.
Ignacio se encogió de hombros. —Dice que es un asunto personal de Facundo y que no es conveniente intervenir.
—¡Pero hay vidas en juego!
—Tampoco exageres, Facundo tiene mal genio, pero no llegaría a matar a nadie.
—¡No, tengo que hacer algo!
Isabella le dio vueltas al asunto. La única persona capaz de detener a Facundo era Jairo. Si él ayudaba, Floriana y Rayan se salvarían.
Pero Jairo no quería ayudar…
Se le ocurrió una idea, ¡aunque no sabía si funcionaría!
Pero no había tiempo, tenía que arriesgarse.
Decidida, miró a su alrededor, fijó la vista en una pared, apretó los dientes y se estrelló contra ella.
Ignacio vio a Isabella estamparse contra el muro de la nada, sorprendido y confundido. Luego la vio regresar tambaleándose y deslizarse hasta el suelo. Corrió a verla y notó que se había roto la frente; la sangre brotaba a borbotones.
—Tú… ¿qué haces?
¿Se volvió loca?
Isabella respiró hondo. —Llama a Jairo otra vez.
—¿Eh?
—Dile que si no ayuda… me… ¡me voy a desangrar hasta morir!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...