Jairo normalmente no participaba en juegos tan infantiles, pero al ver que su hijo menor estaba a punto de llorar de lo sentido que estaba, y reconociendo la culpa que sentía hacia él, lo cargó con ternura y lo levantó en el aire.
Lucas infló los cachetes de puro coraje. ¡Su papá había cargado a otro niño! ¡Eso era una provocación imperdonable!
—¡Señorita, levántame a mí también!
Ante la mirada expectante de Lucas, Isabella no tuvo más remedio que intentar levantarlo lo más alto posible. No es que no tuviera fuerza, es que había una gran diferencia de estatura entre ella y Jairo, así que por más que se esforzara, Lucas seguía quedando mucho más abajo que Samuel.
—¡Jaja, ganamos! —presumió Samuel.
Lucas estaba muy enojado al principio, pero al bajar la mirada y ver cómo Isabella se esforzaba por levantarlo más, se conmovió de repente.
Se inclinó y abrazó a Isabella por el cuello.
—Señorita, sé mi mamá.
Al escuchar eso, Isabella se quedó helada y Jairo les lanzó una mirada oscura.
—¡De ahora en adelante seré el niño de tu casa!
—¿Quieres vivir conmigo? —preguntó Isabella emocionada.
Lucas asintió y luego preguntó con inseguridad:
—¿Me quieres?
—¡Claro! ¡Claro que te quiero!
—¡Genial, entonces serás mi mamá!
Samuel, al ver que le robaban a su madre, empezó a respirar agitado del coraje. Se giró hacia Jairo y preguntó:
—Señor, ¿usted me quiere?
Jairo volvió a acomodar a Samuel en sus brazos y, ante la mirada ansiosa del pequeño, solo pudo decir:
—Te quiero.
—¡Yo también lo quiero! ¡De ahora en adelante usted es mi papá y yo soy su hijo!
Jairo miró la escena maternal entre Isabella y Lucas y se quedó sin palabras.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...