Ella sabía que Marcela llevaba dos años buscando a Óscar Crespo. Como Jairo le había ocultado la verdad deliberadamente, Marcela no había logrado encontrarlo a pesar de mover cielo, mar y tierra.
Marcela estaba muy alterada. Colgó el teléfono y se dispuso a salir apresuradamente.
—¿Dice que encontraron a quién? ¿A Óscar? —preguntó Isabella.
Marcela no quería mostrar su emoción frente a Isabella, así que se contuvo un poco y dijo:
—Parece que es él. Voy a traerlo a casa.
Isabella frunció el ceño. Sin importar de dónde hubiera sacado la información Marcela, definitivamente no era Óscar.
—Sería mejor esperar a que regrese Jairo y platicarlo con él primero.
Marcela arrugó la frente.
—Jairo es el colmo. Llevo insistiendo en que busque a Óscar y él no le da importancia, no parece su hermano. Ahora que yo lo encontré, ¿crees que va a impedírmelo? No le digas nada.
En el tema de buscar a Óscar, Marcela estaba muy molesta con Jairo, así que no tenía intención de informarle.
Al ver que Marcela salía, Isabella dudó un momento, pero enseguida corrió tras ella.
Le dio unas indicaciones rápidas a Ana y se subió al coche antes que nadie.
Marcela frunció el ceño.
—¿Quieres venir conmigo?
Isabella asintió.
—Yo también llevo mucho tiempo sin ver a Óscar.
Marcela guardó silencio un momento, pero no la rechazó.
—Entonces maneja tú. Voy a confirmar la dirección.
—Óscar… —solo decir ese nombre le hizo un nudo en la garganta a Isabella—. Él era muy bueno y sensato, amable con la gente, bondadoso y lleno de justicia. Valoraba mucho a la familia y quería su aprobación. Usted puede sentirse culpable, pero no le eche la culpa a Óscar para aliviar su conciencia. Él no tuvo la culpa de nada.
Isabella sabía que Marcela no soportaba que la contradijeran, quería contenerse, pero no pudo.
No iba a permitir que nadie manchara la memoria de alguien tan bueno como Óscar.
Dijo todo eso esperando que Marcela estallara en ira, pero la mujer se quedó callada.
—Nunca pude superar la muerte de Lilia. Hice muchas locuras, y una de ellas fue tener a Óscar. Lo odiaba, pero en realidad a quien odiaba era a mí misma. No protegí a mi hija, destruí mi propio hogar con mis manos… pero ese niño era inocente. Apenas hace dos años lo entendí.
«Tarde».
Isabella quiso decir esa palabra, pero por el bien de Jairo, se la tragó.
—Cuando lo encuentre, lo compensaré por todo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...