El destino era un pequeño pueblo. Según el bloguero que grabó el video, él solo iba de paso y vio a esa persona cuando paró a comprar algo en una tienda de conveniencia; le tomó una foto y la subió a internet.
Como aquel hombre estaba sucio y vestía harapos, pero tenía buena estatura y facciones marcadas, los internautas lo apodaron en broma «El vagabundo con más estilo». El video se hizo viral y así fue como Marcela lo vio.
Dado que el hombre no tenía domicilio fijo ni un lugar donde parara siempre, Isabella estacionó el coche afuera de la tienda que mencionó el bloguero.
Al detenerse, Marcela entró corriendo a preguntar al dueño.
—¿Ustedes también vienen a buscar al «Mugres»?
—¿Al Mugres? —Marcela se quedó perpleja.
—Sí, el indigente.
—¿Qué no es nombre de perro?
El dueño soltó una risita.
—Es que al indigente le faltan brazos, come arrodillado en el suelo como perro, por eso le pusieron así.
—¿Dices que él… no tiene brazos?
El dueño asintió.
—Parece que fue por un accidente de coche, pero como está mal de la cabeza, no puede explicar nada. El caso es que la primera vez que apareció por aquí hace seis años, ya no tenía brazos.
—Hace seis años… —Marcela pensó que Óscar se había ido de casa justo hacía seis años. Las fechas coincidían, y sintió una punzada de dolor en el corazón.
—¿Ustedes también vienen a grabar videos? —preguntó el dueño.
Isabella negó con la cabeza e intentó dar una excusa vaga, pero Marcela exclamó emocionada:
—¡Es… es mi hijo!
El dueño, al oír eso y ver la ropa de Marcela e Isabella, así como el coche afuera, se quedó boquiabierto.
—Se ve que tienen dinero, ¿cómo dejaron que su hijo terminara de indigente?
Isabella abrió la boca, pero no supo qué responder. Marcela creía que ese hombre era Óscar, pero ella sabía que no lo era, así que no podían sintonizar en el mismo dolor.
—El dueño dijo que no tiene brazos, que come en el suelo como perro… —al llegar a este punto, Marcela no pudo contener el llanto—. También dijo que no está bien de la cabeza, que no recuerda nada. Con razón no pudo volver a casa, con razón no lo encontraba…
—Tal vez no sea Óscar —dijo Isabella, sin más opción.
—Es él, tengo el presentimiento de que es él.
—…
—Si no fuera por mí, no se habría ido de casa. Le fallé.
Marcela empezó a arrepentirse de haber tratado a Óscar con tanta frialdad. Llorando, decía que se había equivocado y que si recuperaba a Óscar, lo amaría y compensaría tantos años de deuda.
Isabella miró al cielo. Óscar, si pudieras escuchar esto, ¿sentirías odio, tristeza o alivio?
Marcela se mantuvo en la ventana y apenas probó bocado en la cena.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...