Floriana ignoró a Facundo, se levantó y corrió hacia la puerta, pero Facundo fue más rápido: la agarró y la empujó de vuelta hacia adentro.
—¡Esta es mi casa! —rugió Floriana, furiosa.
—¡Dije que no se abre la puerta! —gritó Facundo.
—¿Con qué derecho…?
—¡Con el derecho de ser tu marido! ¡No voy a permitir que busques a otro hombre!
—Facundo. —Floriana lo miró, y por un momento no supo qué decir—. ¿Tiene algún sentido hacer esto?
—Somos una familia de tres, ¿no podemos simplemente vivir así? ¿No está bien?
—¡No, no está bien!
Justo cuando los dos discutían, Carlota aprovechó que Facundo no prestaba atención para correr sigilosamente a la puerta y abrirla. Al ver que era Víctor, se apresuró a acusar:
—¡Señor Crespo, ese hombre malo nos está molestando a mi mamá y a mí! ¡Péguele y échelo rápido!
Víctor le revolvió el pelo a Carlota y le dijo que fuera a esperar a la recámara.
—¡No, yo también quiero proteger a mi mamá! —dijo la niña poniéndose las manos en la cintura.
Víctor le pellizcó suavemente la nariz a la pequeña.
—Tranquila, yo protegeré a tu mamá.
Carlota confiaba ciegamente en Víctor; si él decía que podía proteger a su mamá, seguro que podía. Así que la niña le hizo caso y corrió de regreso a la recámara.
Fue entonces cuando Víctor miró a Facundo y soltó una risa burlona.
—El señor Prado es todo un hombre, ¿eh? Le encanta intimidar a mujeres y niños. ¿Te aplaudo?
Y diciendo esto, Víctor realmente dio un par de aplausos lentos.
Facundo apretó los dientes.
—Vete a la chingada, ¡esto no es asunto tuyo!

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...