—¿Tienen mierda en la cabeza o qué? ¿Para qué traen a una niña aquí? Ustedes son...
—Señor Crespo, yo fui la que insistió en venir. Llevo días sin verlo, ¡lo extraño mucho!
Víctor no pudo evitar gritarle:
—¡Vete a tu casa ahora mismo! ¡No quiero verte!
Al recibir el grito, Carlota se sintió herida.
—Señor Crespo, ¿ya no me quiere? ¿Es porque se enfermó y no fui al hospital a verlo? Ya hablé con el Señor Guapo y me prometió que me traería el sábado. Señor Crespo, no se enoje conmigo, ¿sí?
Al ver que la expresión de Víctor se suavizaba, Isabella corrió hacia Carlota y le susurró:
—Carlota, sigue llorando, llora más fuerte.
Carlota siempre obedecía a Isabella. Aunque no entendía por qué, soltó un alarido y rompió a llorar con fuerza.
—¡El señor Crespo me odia! ¡Estoy tan triste! ¡Yo quiero mucho al señor Crespo, pero él ya no me quiere!
Floriana también intervino:
—Eres un desgraciado, ¿piensas matar a alguien frente a Carlota?
Esas palabras tuvieron demasiado impacto. Víctor soltó el cuello de Fabián de inmediato.
Floriana soltó a propósito a Carlota en ese momento, y la niña corrió llorando hacia Víctor.
Al ver que Carlota se acercaba, Víctor tiró apresuradamente el cuchillo y se interpuso para bloquear la vista del ensangrentado Fabián. Estaba furioso y alterado, pero frente a esa niña que lloraba diciendo que lo quería, realmente temía asustarla.
—Floriana, ¡qué maldita eres!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...