—Tienen un mes para casarse por el civil. Si no lo hacen, tenemos mil maneras de enviarlo fuera. ¡Jum! ¡Y que ni sueñe con volver en esta vida!
Tras decir esto, Belén se marchó apresuradamente, temiendo que Floriana se arrepintiera.
La verdad es que, si hubiera corrido un poco más despacio, Floriana realmente se habría arrepentido. Casarse con una pieza como Víctor era, literalmente, peor que decir que a un santo le ponen dos pistolas. Era un desperdicio total para ella.
Pero antes de que pudiera decir nada, Víctor estalló.
—¿Quién dijo que me voy a casar contigo? ¿Te crees una diosa o qué, para decidir que quien tú digas se tiene que casar contigo? ¿Estás mal de la cabeza? Te lo advierto: ¡ni sueñes que me casaré contigo! ¡Jamás!
Floriana también se encendió.
—¡El que está mal de la cabeza eres tú! ¡Te estaba ayudando! ¡Si no fuera por mí, tus padres te mandaban al extranjero!
—¡Prefiero irme al extranjero que casarme contigo!
—¡Tú...!
Floriana apretó los dientes.
—Está bien, tú lo dijiste. El día que cambies de opinión, ¡me vas a tener que decir «abuela»!
—¡Te diré abuela si quieres!
Floriana asintió.
—¡Pues aquí te espero!
Dicho esto, Floriana se fue hecha una furia. No fue hasta que subió al elevador que cayó en cuenta: Víctor se negaba rotundamente a casarse con ella. Debería estar contenta, ¿por qué al final pareció que era ella la que se moría por casarse con él?
Víctor se quedó una semana más en el hospital. Cuando recuperó más o menos la movilidad, Lola no aguantó más y le llevó pilas y pilas de documentos a la habitación.
—Tiene que revisar este plan personalmente. Y por favor, revíselo ahora mismo y dé sus instrucciones lo antes posible. Si se tarda más, el departamento de ventas no tendrá listo el plan del segundo semestre y afectará las ventas de todo el año.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...