Víctor no dijo nada en ese momento, pero en cuanto llegaron los médicos a trabajar, tramitó su alta de inmediato.
Al salir del hospital, condujo directamente a la mansión familiar de los Crespo.
La propiedad tenía dos casas principales: una donde vivían Marcela y Cristian, y la otra donde vivían sus padres.
Tras el fallecimiento de Marcela, Cristian había continuado su viaje por el mundo, así que esa casa estaba vacía. En la enorme residencia de la familia Crespo, por el momento solo vivían sus padres.
Víctor regresó para decirle a su madre que se olvidara de meter a Floriana en sus planes, que él no se casaría con ella. Si su madre pensaba tirarlo como si fuera basura, tampoco se le iba a hacer.
Al llegar a casa, no había nadie en el jardín ni en la planta baja; tampoco se veía a los empleados por ningún lado. Subió directo al segundo piso, pero vio a su padre revolviendo cajones y armarios buscando algo, a pesar de que a esa hora solía estar en la empresa.
—¿Todavía no lo encuentras? Ya son más de las diez, si tardamos más no nos harán los estudios —se escuchó la voz de su madre desde el dormitorio.
—Ay, recuerdo que el día que nos dieron la cartilla de embarazo la metí directo en este cajón, ¿por qué no la veo? —decía su padre mientras buscaba y se rascaba la cabeza al mismo tiempo.
¿Cartilla de embarazo?
Víctor frunció el ceño. ¿De dónde salía una embarazada en su casa?
—Estoy embarazada, es normal que se me olviden las cosas, pero tú no lo estás, ¿por qué tienes tan mala memoria?
—¡Es que estoy demasiado contento! —Leonardo no podía dejar de reír mientras hablaba—. Imagínate, a nuestra edad y logramos un embarazo natural. Hasta el doctor me felicitó.
—No es mérito tuyo, es que yo me he cuidado muy bien estos años.
—Sí, sí, los dos somos unos chingones. En fin, este niño llega en el mejor momento. Víctor ya es un caso perdido, seguro que no podremos contar con él en el futuro. Solo nos queda esperar a que nazca este pequeño y educarlo bien. No puede salirnos igual que Víctor.
Apenas Leonardo terminó la frase, escuchó aplausos a sus espaldas. Dio un salto del susto y, al voltear y ver a Víctor, se asustó aún más.
—Tú... ¿qué haces aquí?
—¿Quién llegó? —En ese momento, Belén salió del dormitorio. Al ver a Víctor, también se quedó pasmada, pero en su asombro había una pizca de miedo—. Lo que dijimos hace un momento... ¿lo... lo escuchaste todo?



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...