Floriana estaba a punto de dar las buenas noches cuando, de repente, notó algo en la pantalla.
—¿Por qué sigues con ropa de calle? ¿No dijiste que ya te habías dormido?
Víctor bajó la mirada; efectivamente, seguía vestido.
—Yo... es que me gusta dormir con ropa de calle. ¿Algún problema?
—Ninguno, que descanses.
Floriana colgó primero. Víctor soltó un largo suspiro de alivio; la había librado. Al volver a la habitación de Carlota, la niña escribía mientras bostezaba; todavía le faltaba mucho para terminar.
Víctor sintió un poco de lástima.
—¿Quieres que te ayude a escribir?
—No se puede, cada quien debe hacer su propia tarea.
—La maestra ni se va a fijar.
—No importa si se fija o no, no podemos engañarnos a nosotros mismos.
Víctor recibió un sermón y reconoció su error.
—No volveré a sacarte a pasear tan noche.
Carlota asintió.
—Podemos relajarnos un poco, pero con medida. ¿Entendido?
—Entendido.
Como se quedaron haciendo la tarea hasta muy tarde, a la mañana siguiente Víctor se levantó tarde y Carlota también. Salieron corriendo a toda prisa hacia la escuela, pero aun así llegaron tarde.
Sabía que su matrimonio con Víctor no se podría ocultar por mucho tiempo. No solo por lo hábiles que son los paparazzis, sino porque las mujeres que rodean a Víctor no son ningunas santas.
Vio que la foto filtrada era de ayer, cuando estaba en casa de Víctor. No hacía falta ser adivino para saber que la mujer del cabello corto había soltado la sopa para vengarse de los dos.
También vio que en los comentarios alguien había desenterrado su pasado con Facundo y Rocío, diciendo que era una reincidente, que antes se había hecho pasar por Rocío para atrapar a Facundo y que ahora se colgaba del heredero de la familia Crespo, que no tenía vergüenza.
—Floriana, ¿le preguntamos a la señorita Quintero cómo manejar esto? —preguntó Ángela, nerviosa.
Floriana, habiendo previsto la filtración, ya tenía pensado cómo reaccionar. Subió directamente a internet la foto de su acta de matrimonio que ya tenía preparada, con el texto: «Gracias a todos por su preocupación, él y yo somos marido y mujer legalmente».
Después de publicar la foto, Floriana cerró la aplicación. Sabía que eso iba a levantar un maremoto en las redes.
Sin embargo, necesitaba llamar a Isabella. La opinión pública podía alborotarse, pero era mejor guiarla a su favor; al fin y al cabo, valoraba mucho su carrera.
—Tranquila, yo me encargo. Pero oye, es Víctor... qué valor tienes para casarte con él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...